OPINIÓN: El colapso político y económico en Venezuela se resuelve a través del diálogo. Por Julio Díaz Sosa

Creo que nadie en su sano juicio se atrevería a negar que en Venezuela existe una terrible crisis humanitaria y política que tiene al país al borde del colapso total. Por otra parte, tenemos a un régimen de corte autocrático que se aferra al poder con uñas y dientes para salvar un proceso revolucionario que inició con el triunfo electoral de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales del 6 de diciembre de 1998 frente al economista Henrique Salas Romer. Con este triunfo electoral de Hugo Chávez se puso fin al pacto de Punto Fijo que le puso fin a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958. Con ese pacto basado en dos partidos, Acción Democrática (AD) liderada por Rómulo Betancourt y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), se dio inicio al período conocido en la historia venezolana como «La Cuarta República.»

Durante dicho período, ambos partidos políticos se alternaron el poder en Venezuela iniciando el líder de Acción Democrática, Rómulo Betancourt que inició el primer período presidencial después de la dictadura, (1959-1964). Luego, fue relevado en el cargo por Raúl Leoni, también perteneciente a Acción Democrática, que gobernó desde (1964-1969). Durante estas gestiones de Betancourt y Leoni se iniciaron importantes reformas como la reforma agraria, la fundación de la OPEC en septiembre de 1960 en Bagdad, Irak, reformas a ley de seguridad social e importantes proyectos de infraestructuras. A partir de 1969 llegó al poder el líder del partido demócrata cristiano COPEI, Rafael Caldera que gobernó el país desde (1969-1974). Durante su administración logró poner fin a las luchas intestinas con las guerrillas, y les permitió participar en las elecciones, y restableció relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, y los países de la órbita socialista de Europa oriental, bajo su política exterior denominada «Solidaridad Plural» que buscaba unir a los países latinoamericanos para negociar mejor ante las grandes potencias, en especial los Estados Unidos en cuanto a sus recursos naturales.

A partir de 1974, llega al poder otro dirigente de Acción Democrática, de la mano de Carlos Andrés Pérez, coincidió con el incremento de los precios del crudo en el mercado internacional a partir de 1973. Esto le permitió al naciente Gobierno de Carlos Andrés Pérez nacionalizar la industria petrolera, lo que permitió convertirse a Venezuela por un corto espacio de tiempo en la Arabia Saudita de las Américas. Fruto de la avalancha de los ingresos provenientes del petróleo, la administración de Carlos Andrés Pérez se involucró en ambiciones proyectos estatales de corte industrial como la producción de aluminio y energía hidroeléctrica, mejoramiento de la infraestructura, y el financiamiento de programas sociales y de becas, que fueron muy ambiciosos y conllevaba un fuerte gasto público, que le costó al Estado venezolano cerca de 53 mil millones de dólares. Ya para el final del primer mandato de Carlos Andrés Pérez en 1978, la bonanza de los petrodólares se estaba disipando del escenario nacional. En 1978, el país se encontraba importando el 80% de la comida que consumía, la producción agrícola se encontraba estancada, la deuda pública del país se encontraba por las nubes. Aunque el ingreso per cápita del país había incrementado, y las ciudades grandes como Caracas experimentaban cierto progreso, los barrios de las afueras de la ciudad no se beneficiaron de esa bonanza petrolera y los cordones de pobreza aumentaban de forma exponencial. Ya para 1979 en su discurso de toma de posesión, el presidente Luis Herrera Campins de COPEI dijo que había heredado un país hipotecado.

Sin embargo, durante la administración de Herrera Campins los ingresos petroleros siguieron aumentando fruto del bloqueo de los países árabes, especialmente durante la Guerra Irak-Irán entre 1980 y 1981, los precios internacionales del crudo sobrepasaron el umbral de los 30 dólares por barril, algo nunca visto hasta ese momento. Esto no impidió que el Gobierno de Herrera Campins siguiera tomando prestado en los mercados internacionales, ya para el año 1983 la deuda pública venezolana sobrepasaba el umbral de los 25 mil millones de dólares.

El viernes 18 de febrero de 1983, ocurrió un evento denominado en la historia venezolana como el «viernes negro,» que fue cuando el bolívar sufrió una histórica devaluación frente al dólar estadounidense que pasó de 4.30 bolívares por dólar y llegó hasta 15 bolívares por dólar, para una devaluación de un 249% en un solo día. A partir de este suceso el Gobierno de Herrera Campins autorizó el establecimiento de un control de cambio, imponiendo una restricción a la salida de divisas. Desde entonces la devaluación del bolívar ha sido constante, debido a las complicaciones que ha tenido el país para hacerle frente al pago de su deuda externa, la perdida del poder adquisitivo y la implementación del control cambiario llamado «Régimen de Cambio Diferencial» (RECADI), que funcionó desde el 28 de febrero de 1983 hasta el 10 de febrero de 1989. Por otra parte, cuando los precios del crudo empezaron a caer en los mercados internacionales, a partir de 1982, los ingresos petroleros cayeron de 19,300 millones de dólares en 1981 a 13,500 millones de dólares de 1983. Asimismo, durante su gestión se implementaron control de precios de varios artículos de primera necesidad y una amplia gama de subsidios.

Para las elecciones del 4 de diciembre de 1983 resulta electo el dirigente de Acción Democrática, Jaime Lusinchi, Lusinchi encontró una deuda externa que sobrepasaba los 38, 297 millones de dólares de acuerdo con cifras ofrecidas por el FMI, y el déficit del sector público consolidado se encontraba en 4,246 millones de dólares de acuerdo con la misma fuente. Durante su administración la devaluación del bolívar continuó, al igual que la inflación, y la economía venezolana continuaba con su carácter monoproductor de depender exclusivamente de la renta petrolera. El gobierno de Lusinchi se enfocó en aumentar los salarios para tratar de mitigar la situación, y de igual manera, controlando los precios y las divisas para crear una falsa estabilidad macroeconómica.

Durante la administración de Lusinchi acontecieron escándalos de corrupción que pusieron en riesgo la estabilidad económica del país, uno de ellos fue el escandalo relacionado con el programa de Régimen de Cambio Diferencial (RECADI), donde se crearon miles de empresas fantasmas del Estado para ser favorecidas con dólares preferenciales a través de este programa. En ese mismo tenor, hubo un abuso de mas de 50 millones de dólares de la deuda externa que nunca pudo ser demostrado, ya que en 1984 la deuda externa alcanzaba la friolera de 27 mil millones de dólares, en su mayoría vencían a corto plazo.

Para diciembre de 1988, retorna al poder nuevamente Carlos Andrés Pérez, pero esta vez la bonanza experimentada en su primer Gobierno fruto del boom de los precios del crudo, no sería igual esta vez. El índice de miseria en el segundo mandato de Pérez llegó alcanzar el 71%. La inflación promedio rondó el 45%. Y las medidas de ajustes tomadas por su administración para conseguir un financiamiento del FMI por 4,500 millones de dólares en tres años a su llegada al poder, provocó el Caracazo el viernes 27 de febrero de 1989, donde hubo disturbios por toda la geografía nacional, y según fuentes oficiales hubieron mas de 3,000 desaparecidos.

Para las elecciones de 1993, se rompe con el bipartidismo existente en Venezuela desde el acuerdo de Punto Fijo en 1958. En esta ocasión, regresa al poder Rafael Caldera, pero esta vez por una coalición de partidos denominada Convergencia. Durante su segundo mandato le toca enfrentar una terrible crisis financiera que comenzó a incubarse en el período anterior, donde un importante numero de bancos quebraron fruto de que sus accionistas realizaban autopréstamos. Poco mas del 50% de los bancos quebraron, lo que le costó a la economía venezolana el 12% del PIB. La economía venezolana experimentó crecimiento negativo durante la mayor parte de este período presidencial (1994-1999). En 1994, la economía cayó en 2.5%, creció 3.9% en 1995, cayó 0.2% en 1996, y rebotó a 6.3% en 1997 y volvió a sucumbir un 0.11% en 1998. La pobreza alcanzó al 70% de la población en 1996, y la pobreza extrema un 40%, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela. El fracaso económico y social del período conocido como la Cuarta Republica fue el catalizador para el triunfo electoral de Hugo Chávez Frías en 1998.

Revolución Bolivariana

Cuando el excoronel Hugo Chávez asume la presidencia el 2 de febrero de 1999, inicia el período conocido como la Quinta República. Durante su administración hasta el 2013, Chávez aprovechó la nueva bonanza petrolera de Venezuela durante la primera década del siglo XXI, para iniciar un programa de Revolución social en el país. La pobreza pasó de 70% en 1996 a 20% en 2010, la extrema pasó de 40% en 1996 a 6% en 2010. Inició un ambicioso programa de viviendas, educación y salud con las operaciones Robinson y Barrio Adentro, respectivamente.  A pesar del nuevo boom petrolero continuó el mismo populismo macroeconómico imperante en la Cuarta Republica que ha llevado al país a un desastre económico sin precedentes.

La producción petrolera de Venezuela en 1998 era de 3.4 millones de barriles diarios, hoy es de apenas 1.4 millones de barriles diarios y en franca decadencia. Durante el período que comprende entre 1999 y 2016, el Estado venezolano manejo la nada despreciable suma de 1 trillón de dólares, lo que le permitió al Gobierno expandir el gasto público a niveles sin precedentes.

La economía venezolana siempre ha tenido un problema estructural, y es que depende exclusivamente de la renta petrolera, y ninguno de los gobiernos que han experimentado el boom petrolero como el de la década de los 70 y principios de los 80, ni el Gobierno de la Revolución bolivariana tomaron medidas en la dirección correcta de tratar de diversificar la economía. Dado este complejo escenario, la administración de Chávez inició un exagerado proceso de expropiaciones que terminó de destruir el alicaído aparato productor venezolano. Desde 1999 al 2012, poco mas de 200 mil empresas habían sido expropiadas. Esto ha contribuido a la escasez de productos de primera necesidad que vive hoy el país, independientemente de la guerra económica de que ha sido víctima el Gobierno.

El déficit presupuestario se cerró imprimiendo dinero. La hiperinflación se afianzó, destruyendo los ahorros de las personas y haciendo casi imposible una inversión empresarial productiva. El Gobierno empeoró las cosas al implementar controles de precios, estableciendo los precios máximos que las empresas privadas podrían cobrar por una amplia gama de productos básicos, desde alimentos hasta medicamentos. Los controles gubernamentales fijan los precios muy por debajo de lo que prevalecía en el mercado libre. Como resultado, los dueños de negocios privados han recortado la producción o se han cerrado a medida que aumentan sus pérdidas. La situación en Caracas, la capital, es terrible. Los estantes de las tiendas de comestibles están vacíos y hay una escasez generalizada de alimentos. El Gobierno ha expropiado tiendas de comestibles privadas y ha utilizado reservas de divisas extranjeras cada vez más escasas para proporcionar alimentos baratos. La situación es la misma en los hospitales. No pueden brindar atención médica adecuada debido a la escasez de gasas, guantes y medicamentos.

Además de los controles de precios internos, el gobierno fijó la tasa de cambio de moneda en un intento por controlar la inflación. Implementó un sistema escalonado de tipos de cambio que es diferente para bienes esenciales y no esenciales. El tipo de cambio oficial es de 10 bolívares venezolanos por dólar estadounidense. La tasa de cambio ignora la hiperinflación que se apodera del país. Al igual que los mercados negros surgen frente a los controles de precios, los mercados privados establecen tipos de cambio paralelos frente a los controles de divisas. Dólar Today, un sitio web venezolano, rastrea los intercambios de mercado entre bolívares y dólares.

El tipo de cambio fijo está agravando los problemas económicos. Muchas empresas necesitan importar productos a precios de libre mercado en dólares. Cuando las empresas venden productos importados, no pueden convertir el precio en dólares en bolívares debido a los controles gubernamentales de precios.

El tipo de cambio fijado artificialmente también está poniendo en peligro el último acceso de Venezuela a los mercados crediticios internacionales. Para mantener el tipo de cambio oficial, el Banco Central de Venezuela debe estar listo para comprar y vender bolívares a cambio de dólares. El problema es que las reservas de dólares de Venezuela están disminuyendo rápidamente. Los últimos datos del Banco Mundial muestran que las reservas se han reducido a solo $ 15 mil millones de dólares desde un máximo de 40 mil millones dólares en 2008.

La pérdida de reservas en dólares como resultado de los bajos precios del petróleo y la defensa de un tipo de cambio fijo ha ejercido presión sobre los pagos del servicio de la deuda. Venezuela obtuvo préstamos en dólares de los acreedores internacionales cuando los precios del petróleo eran altos. Después de que los precios del petróleo cayeron en picado y los ingresos en dólares de las exportaciones de petróleo cayeron, el gobierno comenzó a luchar con los pagos de la deuda. Ha pagado a los acreedores internacionales a expensas de los subsidios públicos. El gobierno no puede permitirse perder las líneas de crédito de la compañía petrolera estatal; De lo contrario, es probable un colapso económico y social completo.

El socialismo y la dependencia exclusiva de la industria petrolera han llevado a Venezuela por el camino del colapso económico, la hiperinflación y el malestar social y político. ¿Cómo puede el país salir de su caída económica? En el corto plazo, Venezuela se enfrenta a una crisis humanitaria que debe ser abordada. La caída de los controles de precios permitiría a las empresas importar elementos esenciales. A largo plazo, un retorno a una moneda estable es primordial. Se han flotado planes para abandonar el bolívar por una moneda alternativa. Algunos estudiosos han argumentado que Venezuela debería adoptar un estándar en dólares como lo hizo Ecuador a principios de la década de 2000. El socialismo debe ser revertido, y el sector privado debe poder operar. Los derechos de propiedad deben ser aplicados, y los temores de expropiación deben ser eliminados. Si las condiciones económicas se estabilizan, la salida de capital financiero y humano se reducirá. Los movimientos para estabilizar la economía atraerán capital extranjero para inversiones desesperadamente necesarias.

Conclusiones y salida política a la crisis

Hemos visto como a lo largo de los últimos 60 años, las políticas económicas de los Gobiernos venezolanos han sido fallidas y no han sido capaz de llevar estabilidad macroeconómica que es esencial para llevar políticas sociales de redistribución de las riquezas mas efectivas, como las está llevando a cabo Bolivia de la mano de Evo Morales. Esto es una muestra, de que el populismo macroeconómico genera miseria.

La salida política a la crisis venezolana pasa a través de un diálogo sincero entre la oposición y el Gobierno de Maduro que debe desencadenar en un proceso electoral diáfano y supervisado por las Naciones Unidas.  Maduro debe abandonar el poder, porque la hiperinflación que alcanza mas del 1 millón porciento ha empobrecido al pueblo venezolano. Pero tampoco la comunidad internacional debe apoyar ni azuzar que una guerra civil o una intervención militar estadounidense sea el desenlace de este hermano país.

Venezuela es uno de los países más ricos en recursos minerales del mundo. Cuenta con 11 mil toneladas de Oro, para ser considerada la segunda reserva de Oro del mundo. Cuenta con las reservas de Torium más grande del mundo que son 3 veces mayores que las reservas petroleras del Orinoco. El Torium es el posible sustituto del Uranio, y es capaz de producir energía nuclear limpia. También, cuenta con grandes reservas de Coltán, las cuales son las segundas más grande del mundo después del Congo. El Coltán sirve para generar energías y para hacer drones, y cápsulas para ojivas nucleares.  Con Reservas petroleras probadas que dan para 100 años, los intereses imperiales quieren pescar en río revuelto a través de una camuflajeada ayuda humanitaria que lo que busca es apoderarse de las riquezas de ese país. Si bien es cierto que hay una crisis humanitaria en Venezuela vamos a canalizar esa ayuda a través de los canales internacionales correspondientes como la ONU, Cruz Roja y no a través de intereses espurios que quieren provocar para tener un pretexto para intervenir militarmente ese país.

Finalmente, la salida a esta crisis debe pasar exclusivamente por las manos venezolanas, no por los intereses de un imperio en decadencia que ha perdido su zona imperial por el atropello de sus botas.

Julio E. Diaz Sosa
Bachelor of Science in Economics and Finance
Rochester Institute of Technology ’11
Master of Science in Applied Economics
Johns Hopkins University ’15