OPINION: La Teoría Monetaria Moderna es un catalizador para el fracaso. Por Julio Díaz Sosa

En las últimas semanas hemos escuchado las declaraciones de la representante demócrata por el estado de Nueva York, Alexandria Ocasio Cortez, refiriéndose a las bondades de la teoría monetaria moderna o MMT como se le conoce en inglés.

Muchos se preguntarán en que consiste esta teoría monetaria, a continuación, vamos a proceder a explicar su propósito.  Los defensores de la teoría monetaria moderna o MMT argumentan que el Gobierno debería usar la política fiscal para lograr el pleno empleo, a través de la impresión monetaria para financiar las compras del Gobierno. El principal riesgo que enfrenta esta política monetaria, una vez que la economía alcanza el pleno empleo, la inflación se hace presente, la cual se puede abordar aumentando los impuestos y emitiendo bonos, para eliminar el exceso de dinero en la economía.

En el posicionamiento actual de los Estados Unidos en la economía global, donde su moneda se utiliza en el 63% de las transacciones financieras globales, y por ende es la moneda de referencia planetaria. Por dicha razón, algunos argumentan que este es el escenario ideal para aplicar la teoría monetaria moderna a mayor escala por varias razones:

1)    Los Estados Unidos no podría entrar en cesación de pagos o default porque emite y adquiere deuda en su propia moneda.

2)     Puede pagar bienes, servicios y activos financieros sin la necesidad de cobrar dinero en forma de impuestos o emisión de deuda antes de tales compras.

3)    Está limitado en su ampliación monetaria y en las compras por la inflación, debido a que se aceleran una vez los recursos económicos (es decir, el trabajo y el capital) de la economía se utilizan en pleno empleo.

4)    Puede controlar la inflación mediante impuestos y la emisión de bonos, que elimina el exceso de dinero en circulación, aunque no siempre exista la voluntad política para hacerlo.

5)    No necesita competir con el sector privado por los escasos ahorros mediante la emisión de bonos. Estos principios desafían la visión económica general de que los gastos del gobierno deben financiarse a priori mediante impuestos y emisión de deuda.

Por otra parte, existen muchos escépticos del funcionamiento a plenitud de la teoría monetaria moderna o MMT. Entre esos incrédulos se encuentra el historiador Stephen Mihm, que argumentó recientemente, que, basándose en su lectura del sistema monetario de Massachusetts colonial, la teoría monetaria moderna (MMT), a la que se refirió descaradamente como PMT (teoría monetaria puritana), “funcionó hasta cierto punto.”

 Sin embargo, claramente, la experiencia monetaria colonial de Estados Unidos expone la falacia en sus entrañas de la teoría monetaria moderna o MMT (que podría llamarse mejor teoría monetaria posmoderna): la mejor política monetaria para el Gobierno no es necesariamente la mejor política monetaria para la economía. Como Samuel Sewall anotó en su diario, “estaba en la elaboración de los primeros billetes de crédito en el año 1690: no estaban hechos por falta de dinero, sino por falta de dinero en el Tesoro.”


Si bien es cierto, que los Gobiernos coloniales controlaron la oferta monetaria emitiendo (o prestando) directamente y luego retirando los trozos de papel. Su historial macroeconómico fue pésimo, excepto cuando obedecieron cuidadosamente las señales del mercado, creadas por los tipos de cambio de la libra y el precio del oro y la plata, en términos de papel moneda.

La teoría monetaria moderna durante la época colonial estadounidense condujo a períodos de inflación galopante, y la menos entendida, la deflación catalizadora de la Revolución.

Carolina del Sur y Nueva Inglaterra fueron las colonias carteles por excelencia de la inflación, en parte porque soportaron la peor parte de las Guerras coloniales contra sus imperios rivales españoles y franceses, respectivamente. La paz relativa y por consiguiente las señales del mercado finalmente estabilizaron los precios en Carolina del Sur.

Sin embargo, en Nueva Inglaterra y Rhode Island durante décadas pudieron actuar como una “bomba de dinero,” que indujo a la inflación en otras colonias de Nueva Inglaterra hasta que abandonaron la teoría monetaria moderna por completo a principios de la década de 1750.

En contraste, las legislaturas de Nueva York, Nueva Jersey y Pensilvania siguieron las señales del mercado y nunca fueron presionadas con tanta fuerza militar como lo fueron los amortiguadores de su norte y sur. Por lo tanto, no exageraron el valor de su papel moneda emitiendo demasiado.

Después de la Guerras francesa e india, las colonias medias sufrieron una gran deflación enraizada en excesos de los tiempos de guerra, cambios económicos estructurales y nuevas regulaciones imperiales. Los precios inmobiliarios se desplomaron y las presiones de los deudores se desbordaron. El resultado directo fue la agitación colonial sobre la Ley de Estampillas, que rápidamente se convirtió en una Guerra de folletos, una Guerra comercial y luego una Guerra de disparos.

Casi la única vez que el sistema monetario colonial funcionó de manera efectiva fue cuando los billetes circulaban junto con monedas de oro o plata de cuerpo completo (especie). Cuando el Gobierno se encontró en una situación desesperada, como lo hizo durante la Revolución estadounidense, el valor del papel moneda frente a la especie disminuyó.

Esta era la forma en que el mercado señalaba que había demasiado papel moneda en circulación, en comparación al nivel de precios actual y que más emisiones podrían provocar inflación. Esto es precisamente lo que pasó. Los Estados Unidos finalmente ganó la Guerra, pero sólo después de haber regresado a un sistema monetario anclado en los metales preciosos.

Si bien la perspectiva de volver a un ancla monetaria más sólida después del inevitable fracaso de la teoría monetaria moderna o MMT puede intrigar a algunos, los costos socioeconómicos de la hiperinflación serían enormes. Con los ahorros de todos destruidos, como ocurrió en Alemania en la década de 1920 y en Venezuela en la actualidad, el resultado final es imposible de predecir, pero sin duda es más espinoso que el color de rosa.