Roberto Rosario millonario y pensionado pero sin Visa

No todo es perfecto en la viña del señor. Roberto Rosario, quien por largo tiempo perteneció y presidió la Junta Central Electoral, es hoy un hombre agraciado por las privilegiadas dulces mieles que solo es posible sustraer del panal estatal. Pero lamentablemente estas mieles solo las podrá disfrutar en cualquier lugar del mundo menos en el territorio que todo ser vivo quisiera visitar y hasta vivir los Estados Unidos de América.

Altamente criticado por sus archienemigos situados en la oposición política y en la sociedad civil, Roberto Rosario utilizó los resortes de la JCE para proyectar su figura a través de unos entramados mediáticos que diseñó y nutría con el vasto presupuesto que manejaba.

Con una artillería mediática constituída por más de 54 periodistas, según una vez denunció el Dr. Guido Gómez Mazara, el flamante ex presidente de la Junta pretendía al parecer, una vez abandonara su cargo, dedicarse de forma activa a la vida política nacional.

Él se llegó a creer que podía ser un futuro Presidente de la República, vasta ver cómo dirigió los procesos electorales con un personalismo espantoso en el que las voces y las opiniones de los demás jueces de la junta eran totalmente ignoradas. El objetivo parecía que era erigirse como un líder capaz de sortear cualquier tipo de vicisitud sin el auxilio de quienes le acompañaban a tan complejas tareas públicas como la de administrar un proceso electoral.

Se creía amo y dueño del escenario sobre el cual ponía sus pies, convencido de que mientras tuviera el apoyo del hegemónico gobernante Partido de la Liberación Dominicana, sus decisiones y su accionar estarían blindados frente a los feroces ataques que recibía por miembros de la misma junta y de los principales partidos de la oposición política y la sociedad civil.

Pero de pronto le apareció un muy temido nuevo adversario en el escenario que hasta ese momento controlaba, y ese adversario lo representó la Embajada Norteamericana que estaba siendo presidida por James Brewster, un Embajador que desarrolló su gestión diplomática de forma muy particular en la que se entre cruzaron los interés políticos de su nación con los intereses personales que promovía.

Su relación con la Embajada Norteamericana fue el punto de quiebre en lo que parecía para él y su séquito una carrera política con un futuro de ilimitadas posibilidades.

James Brewster y Roberto Rosario nunca resultaron ser de agrado mutuo ya que la naturaleza de sus personalidades se lo impedía. A uno le acompañaba la prepotencia imperial y a otro una prepotencia personal que durante su mandato provocó grietas hasta en el propio partido que le nombró.

Las diferencias entre ambos, por diversos motivos, fue profundizándose con el pasar del tiempo. Por un lado Roberto Rosario no cedía ante las exigencias de la Embajada y por otro lado la Embajada era más incisiva en la medida en que se acercaba el final del mandato del Embajador.

Lo de Brewster y Roberto Rosario fue una especie de odio a primera vista, no había posibilidad alguna de convivencia institucional entre las entidades que dirigían mientras ellos fuesen sus cabezas.

De pronto, como resultado del permanente e incendiario forcejeo institucional, fue apagado lo que parecía un lúcido futuro político. El Embajador Norteamericano, James Brewster, le canceló la visa a Roberto Rosario, situación que generó en el país toda una aureola de rumores y conjeturas que provocaron que el propio afectado declarara las situaciones y los conflictos que por largo tiempo tuvo con el Embajador.

 A partir de ese momento se le apagó la luz, ni sus propios compañeros de la Junta y del Partido querían acercarsele para no contagiarse de la plaga que le había caído encima.

La cancelación representó el inicio de lo que fue su ocaso. Meses después para la elección de los  nuevos miembros de la JCE su nombre apenas fue registrado para ser tomado en cuenta pero ni siquiera tuvo reales posibilidades de repetir en el cargo. Ningún congresistas quería arriesgarse a que la Embajada le cancelase su visa por votar a favor de que Roberto Rosario continuara en tan apetecido puesto público.

Aunque salió con una pensión mensual de más de RD$300,000 mil pesos mensuales y pudo acumular una gran fortuna económica y unos importantes entramados mediáticos, el hoy ex presidente de la Junta Central Electoral, Roberto Rosario, tiene una tacha que le pesara mientras vida tenga.

Podrá sentirse orgulloso de una gestión que para él fue exitosa y de una pensión y una fortuna económica que le garantizan cierta tranquilidad en lo que le queda de vida, pero para su desdicha no tiene Visa. Razón por la cual sus incontables adversarios hoy se ríen y aplauden de felicidad.