¿Cómo podemos salvar el Capitalismo?. Por Julio Díaz

Escrito por: Julio E. Diaz Sosa, Licenciado en Economía y Finanzas en el Rochester Institute of Technology con un Master en Economía Aplicada en la Johns Hopkins University

La creciente desigualdad económica ha estado en el centro del debate político a nivel mundial; a medida que continuamos envueltos en las secuelas de la Gran Recesión. Este tópico ha alcanzado la relevancia anteriormente descrita, porque los grandes perdedores de la globalización que ha transformado a la economía mundial en los últimos 30 años ha sido la clase media en el mundo desarrollado.

En el año 2012 el Banco Mundial publicó un trabajo escrito por el economista Branko Milanovic, donde hace énfasis en cuales segmentos de la población global vio un incremento en los ingresos reales desde 1988 al 2008, y el único grupo que no vio un incremento en su salario real fue la clase media de los países desarrollados. De acuerdo con las palabras de Milanovic “Los grandes perdedores (otros después del 5% más pobre), o al menos los no ganadores de la globalización, son aquellos que se encuentran ubicados entre el 75 y el 90 del percentil de la distribución del ingreso global, cuya ganancia del ingreso real ha sido básicamente nula.” De acuerdo con Milanovic “Estas personas, que podrían ser denominados la clase media alta global, incluye a muchos de antiguos países comunistas y de Latinoamérica, al igual que a ciudadanos de países desarrollados cuyos ingresos han permanecido estancados.”

Realmente la globalización se ha constituido en una sacudida a la oferta laboral a nivel mundial, que le ha permitido a las corporaciones a moverse con facilidad con tal de obtener mano de obra barata. El primer efecto positivo ha sido una presión a la baja de los bienes en las economías avanzadas que en última instancia ha beneficiado a los consumidores. Sin embargo, las capas medias de los países desarrollados han visto perder su poder adquisitivo a largo de los años, y es ahí donde está la gran fuente de desigualdad.

En el periodo denominado “Acuerdo de Capital de Trabajo” o “Capital Labor Accord” como se denomina en inglés; que comprende el período desde (1945-1970), es la época de post guerra donde la sociedad estadounidense alcanzó mayor esplendor económico y mayor inclusión social. En dicho período la clase media estadounidense representaba un 61% de la población de ese país para el 1971, según cifras ofrecidas por el American Institute for Research; esto se debió a las conquistas laborales y a una economía que dependía mucho del proceso de industrialización, en especial del sector manufacturero. Hoy en día según ese estudio la clase media en los Estados Unidos solo representa el 50% de la población, y su salario real se ha mantenido estancado por poco más de dos décadas.

Muchos lectores se preguntarán ¿Por qué se ha producido esos grandes niveles de desigualdad en el mundo, en especial en los Estados Unidos? La respuesta a esta interrogante muchos la ubican en el gran tamaño que poseen algunos bancos, quienes realizan esa aseveración son algunos de los candidatos a la presidencia de dicho país como Donald Trump, Bernie Sanders y Hillary Clinton. Cada candidato posee su receta para resolver el problema: Sanders habla de romper el esquema de los bancos grandes; Trump habla de que los hedge fund managers o manejadores de los fondos de inversión deben pagar más impuestos; Hillary Clinton habla de fortalecer las regulaciones financieras existentes.

Sin embargo, de acuerdo a mi punto de vista, los problemas económicos de los Estados Unidos van más allá de los banqueros súper millonarios, de los bancos grandes, los mega millonarios hedge fund managers y la evasión de impuestos offshore. El sistema capitalista de mercado está quebrado en los Estados Unidos y en el resto del mundo. Para entender la razón por la cual llegamos al borde del precipicio, tenemos que entender la relación entre los mercados de capital, en otras palabras el sistema financiero y los negocios. Desde la creación de un sistema bancario y de bonos unificados desde a finales de los 1790 hasta principios de los años 1970, las finanzas jugaron un papel predomínate en la creación de nuevas empresas productivas a través de los ahorros individuales y corporativos, creando nuevos puestos de trabajo, nuevas riquezas y sobre todo generando crecimiento económico. De hecho, hubieron grandes colapsos a largo del camino como la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX, la cual fue generada por la especulación que a su vez fue arrinconada por la regulación financiera. Las finanzas fueron importantes en dicho periodo, pero no fue el punto central de la economía como lo es hoy en día.

A lo largo de las últimas tres décadas, el sistema financiero se ha alejado de su rol tradicional. Investigaciones académicas muestran que solo una fracción de todo el dinero que se lava alrededor de los mercados financieros actualmente, va dirigido a los negocios tradicionales o Main Street como se le denomina en inglés. De acuerdo a declaraciones del investigador Alan Taylor quien ha estudiado el problema a profundidad dice que “La intermediación de los ahorros de los hogares para inversiones productivas en el sector de los negocios, constituye solo una proporción menor de los negocios de la banca en la actualidad.” Según algunas estimaciones realizadas por el mismo Taylor y otros, dicen que solo alrededor de un 15% del capital que proviene de las instituciones financieras es usado para financiar inversiones de negocios en la actualidad.

Para obtener una noción general del impacto de esta tendencia, vale la pena resaltar la composición como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) del sistema financiero antes y en la actualidad. El sector financiero representa un 7% de la economía estadounidense actualmente, mientras que en 1980 solo representaba un 4%. A pesar de llevarse el 25% de los ingresos corporativos, solo genera un 4% de los empleos que crea la economía estadounidense. Ahí está la raíz del problema que sufre el capitalismo y es que cuando el sistema financiero se convierte en un globo gigante y ocupa una gran porción de la economía; la economía en si misma se empieza a hundir y socava los cimientos sobre los cuales fue construida la economía, esto está demostrado por investigaciones realizadas por organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), y es por ello que existe una gran disparidad entre los grandes poseedores de riquezas financieras y el resto del país. Esto no es un problema que solo afecta a los Estados Unidos sino al resto del mundo. El nombre de la patología o enfermedad que padece la economía estadounidense y el resto del mundo, se denomina en los círculos académicos “financiarización” el cual consiste que Wall Street y sus métodos se han convertido en un reino supremo en los Estados Unidos, que ha permeado a toda la industria financiera y al resto de los negocios; esto se debe al crecimiento de actividades especulativas alimentadas por deuda en detrimento del financiamiento para sectores productivos. Esto ha alimentado a las actividades especulativas, el pensamiento egoísta para realizar actividades financieras tanto en el sector privado y público. El incremento del poder político de los líderes de corporaciones al compás de su enriquecimiento que financian a los estamentos de poder para generar influencia en las tomas decisiones de políticas públicas.

Todo este proceso de financiarización de la economía estadounidense inició con el proceso de desregulación financiera iniciado en la Administración de Ronald Reagan, debido a que el crecimiento económico experimentado durante la época del Capital Labor Accord entró en una etapa de estancamiento durante la década de los 1970, entonces los políticos decidieron pasarle la antorcha del crecimiento a los mercados financieros, y la era post-depresión que sirvió para apuntalar el crecimiento por una generación, quedó en manos del gran capital financiero. Es por esta razón, que muchas compañías en diferentes industrias se están moviendo hacia el sector financiero realizando actividades como hedging, emisiones de bonos, ofertas públicas, etc., que les aporta más utilidades que sus mismos negocios.

La solución más óptima para salvar el capitalismo del colapso total, que se dirige por dicho sendero sino se resuelve la desigualdad de ingresos, es crear mecanismos de financiamiento que favorezcan el emprendimiento en actividades productivas que fomenten el crecimiento y la generación de empleos de una manera sostenida; y que ello traiga consigo una regulación de la especulación financiera, que nos llevó a un precipicio financiero a la economía global con una deuda que alcanzó los 59 trillones de dólares y un rescate del sistema financiero estadounidense por 4.5 trillones de dólares, todo esto por el exceso de unos pocos. Si el capitalismo no realiza una introspección hacia su estructura y no se aboca a una transición a un sistema más social e inclusivo que fomente el desarrollo del espíritu emprendedor de los que menos tienen y a su vez satisfaga sus demandas sociales; está condenado a desaparecer como sistema y el caos y el desasosiego se apoderarán de la economía global.