El discurso retórico. Por Adriano Miguel Tejada

El propósito de la retórica es “conseguir un efecto mediante un uso particular del lenguaje”.

La Constitución ordena al Presidente de la República comparecer ante la Reunión Conjunta de las cámaras legislativas para “rendir cuentas” de su administración del año anterior y depositar las memorias de los ministerios, aunque en la práctica, esta comparecencia se utiliza con propósitos políticos más que administrativos.

El presidente Medina, en su discurso hizo una ardorosa defensa del proyecto Punta Catalina, pero no tocó el punto clave de la cuestión. Nadie se opone a que ingresen nuevos kilovatios de electricidad al sistema. La discusión es sobre otros aspectos, el más importante de los cuales surgió al destaparse el asunto Odebrecht.

Nadie en su sano juicio se explica por qué el Gobierno insiste en seguir haciendo negocios con un delincuente confeso. Es como si usted, amigo lector, contratara un albañil para un trabajo en su casa, y en medio de la obra usted no solo descubre que el tipo le está robando, sino que él lo confiesa, y usted le dice “págame lo que tú dijiste que te robaste y sigue trabajando”.

Nadie en su sano juicio, hace eso.

Lo prudente hubiese sido designar expertos, en colaboración con la Procuraduría General de la República, para indagar el monto del robo, no una “comisión de notables”, muchos de los cuales están bajo sospecha, que, en la práctica, se sobrepone a lo judicial.

Lo que queda es esperar que los hechos prueben como válidas las palabras.

El presidente Medina hizo un magnífico uso de la retórica en su discurso. La pregunta es si habrá conseguido el efecto que se proponía.

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