El silencio, la posverdad, Danilo Medina y Odebrecht. Por Milizen Uribe

Uno de los principales aciertos y novedades del primer gobierno del presidente Danilo Medina fue su línea de comunicación. La correcta y magistral incorporación de los Nuevos Medios de Comunicación, el uso de la técnica del storytelling y la narrativa transmedia ayudaron a su gestión a captar la atención del público, terreno fértil para la siembra de preceptos como humildad, cercanía, popularidad y, finalmente, reelección.

Fue tanto así que en el estudio anual “Twiplomacy”, la cuenta de Twitter de la Presidencia de la República ha sido identificada varias veces como una de las más activas del mundo. Sin embargo, desde hace tiempo, el silencio presidencial impera en temas importantes que a la población le interesa. Y ese silencio, sumado a pseudo explicaciones por funcionarios de segunda y tercera, no deben ser el modus operandi de un gobierno cuyo Presidente insistió tanto en asegurar que “tenía los oídos en el corazón del pueblo” y que su distintivo era la transparencia.

El marketing, la psicología y la posverdad ya no pueden ser la estrategia. No funcionan más. El pueblo despertó, marchó, se vistió de verde y está exigiendo. La comunicación, cuando es efectiva, es de doble vía, y el verdadero liderazgo democrático implica rendición de cuentas, por lo que el presidente Danilo Medina tiene que explicar, con pruebas, el financiamiento de sus costosas campañas electorales del 2012 y del 2016, así como la relación con Joao Santana, detenido en Brasil acusado de participar junto a la empresa Odebrecht de una red internacional de sobornos, sobrevaluaciones y financiamiento ilegal, precisamente, de campañas políticas.

De no hacerlo, la piña se le pondrá más agria. Esta semana fue tendencia en las redes sociales el hashtag o etiqueta #RenunciaDaniloMedina que, entre otros factores, cuestionaba la legitimidad de su presidencia. Hay quienes apuestan a la posverdad y al cambio de agenda en la opinión pública, pero yo soy de las que tengo fe en que, para bien del país y del manejo de sus recursos públicos, este caso puede llegar hasta las últimas consecuencias porque, además del movimiento verde, hay un contexto internacional que, en tiempos de globalización, permite acceso a información, tanto de medios alternativos como en tradicionales de otros países.

De modo que, por favor Presidente, no lo tome personal, porque no lo es, y entienda que las dudas son razonables. Mejor utilice usted su posición privilegiada en la opinión pública para despejarlas. Renuncie a la comodidad de Twitter y de voceros, y diríjase de manera directa a este pueblo (indignado y decidido) y explique su relación con Joao y Odebrecht. Un líder demócrata lo haría y de ambas cualidades ha presumido usted.