La caída de la Unión Europea: Un peligro global. Por Leonardo Jaquez

A finales del siglo pasado el mundo presenció la inesperada desintegración de la Unión Soviética, un fenómeno calificado por Putin como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”. Un conjunto de pueblos hermanos que encarnaban en su ideario valores comunes que posibilitaron la cohesión política que por 69 años mantuvo unida a 18 repúblicas ex soviéticas. Traemos esto a colación porque a principios del XXI el mundo podría ser testigo de otra “catástrofe” de alcance global. No me adentraré aquí en las particularidades y especificidades de cada unión política. Solo abordaremos la posibilidad de desintegración europea desde la óptica de un reordenamiento geopolítico que ha coincidido con una etapa de crisis económica provocada por los descontroles bancarios y financieros propios del liberalismo, y por la elevada desigualdad social que ha creado en el planeta el Capitalismo.

Desde el año 2008, como resultado de la crisis económica de los Estados Unidos, el sistema monetario y financiero Europeo entró en una crisis que ha empobrecido a su gente, elevando los niveles de deuda pública, aumentando el desempleo a niveles altísimos, y reduciendo el estado de bienestar que había disfrutado por años. Actualmente nos encontramos en una reconfiguración política mundial donde la actuación hegemónica estadounidense ha visto mermar la fuerza de sus músculos ante el contundente avance de China y Rusia en un escenario que exigía la discusión plural de los principales temas globales.

Como resultado de la galopante crisis económica y social y del reordenamiento geopolítico que vive el mundo, en la Unión Europea se han levantado movimientos políticos que plantean absolutamente todo lo contrario a lo que representa la Europa tradicional aliada de los EU. El ascenso al poder por parte de Tsipras en Grecia, es solo el comienzo del proceso dominó que se verá en Europa. Le Pen, una ultraderechista, es la candidata más valorada para ser la próxima presidenta de Francia. Pablo Iglesias, ultra izquierdista, también lo es para ser Presidente de España. Estos tres líderes políticos aunque responden a ideologías políticas distintas –Tsipras/Iglesias Izquierda, Le Pen derecha-, tienen en común su radical oposición a que los Estados Unidos siga siendo la potencia unipolar y hegemónica capaz de inferir en todo cuanto acontece y sucede en el mundo. Hay actualmente en Europa un fervor anti imperialista y en específico anti americanista.

Y es que los evidentes fallos que han presentado el capitalismo y el liberalismo, las élites europeas están convencidas de que un nuevo orden mundial se hace necesario. El nacionalismo y el soberanismo representan esas dos columnas fundamentales sobre las cuales se tejerá la nueva Europa.  Cuando Fukuyama planteó el fin de la historia a partir de la idea de que el capitalismo y el liberalismo habían ganado la batalla a la segunda teoría política (socialismo) y a la tercera (fascismo) cometió el error de concebir que la prosperidad material que producía el Capitalismo en algún momento iba a beneficiar por igual a nuestras sociedades. Sin embargo el tiempo no le dio la razón, ya que hoy día la brecha entre pobres y ricos ha creado los mayores niveles de desigualdad social jamás concebidas por el hombre. Por citar un dato paradigmático según la Oxfam las 85 personas más ricas concentran la misma riqueza que la mitad más pobre (3,500,000,000) del planeta tierra.

Es ante estos escalofriantes datos que tanto el Capitalismo y el Liberalismo se encuentran en el centro de un álgido debate en Europa,  Latinoamérica y el mundo.  Que si a esto le agregamos el uso del poder blando con que cuenta la hiperpotencia americana para configurar las esencialidades de nuestros pueblos acorde a sus costumbres y su forma de ver el mundo, avizoramos en un mediano plazo la caída de la Unión Europea. Una unión que se fundamenta en cuatro libertades fundamentales promovidas esencialmente por los EU como forma de garantizar sus intereses. Estas tres libertades son la libertad aduanal, libertad de circulación de trabajadores, libertad de servicios y libertad de capitales, que si bien es cierto han posibilitado una UE más competitiva ante el mundo ya que ha reducido los procesos burocráticos haciendo más fácil la inversión de capital y la circulación de mercancías, no es menos cierto que como resultado de tener sus fronteras abiertas ha habido un desborde migratorio teniendo que, inclusive, Inglaterra plantear el poner un tope máximo al flujo migratorio hacia tu territorio.

Cabe recordar que la Unión Europea es la unión de 28 naciones con 24 lenguas oficiales y una diversidad cultural inconmensurable. Por citar lo complejo que ha resultado su cohesión política vemos como dentro de los mismos países que la constituyen existen problemas que hasta imposibilitan la cohesión interna de esos países. La cuestión España-Cataluña refleja la complejo que resulta tanto la Anatomía Europea como la Fisiología Europea. Son órganos divergentes dentro de un cuerpo divergente.  O mejor dicho, un conjunto de remolinos de vientos circulando alrededor de un huracán.

Por lo que ante todo este panorama totalmente escéptico, debemos colegir lo importante que resulta para cada pueblo el conservar sus esencialidades y que el conjunto de políticas sociales y económicas que promuevan representen las voluntades de los que allí residen. Ya que el gran fallo de la Unión Europea ha sido el de debilitar los estados nacionales para ceder su soberanía a instituciones que no responden a los legítimos intereses de los ciudadanos, sino que se han elevado como altos defensores del capital bancario y de los grandes intereses de las corporaciones globales. Aunque décadas atrás parecía inconcebible que el nacionalismo y el soberanísmo volverían a ser los ejes troncales en la construcción de nuevos estado-nación, hoy vemos pues, que la sagrada capacidad de nuestros pueblos para determinar su propio destino está por encima de cualquier pretendida y fallida intención de homogenizar la especie humana, desnacionalizar nuestras principales instituciones y la de esfumar los tradicionalismos conservados históricamente.

Pudiera parecer una sana e inteligente intención la de construir y fomentar la unión de un conjunto de pueblos históricamente antagónicos, como forma de promover niveles mínimos de paz y de convivencia pacífica a sabiendas del tortuoso pasado que tiene sobre sus hombros el viejo continente. Pero, pretender hacerlo a costa de desvirtualizar y caricaturizar al hombre europeo, colocándoles en una especie de corral común en el que todos y todas representan los mismo sin esencialidades específica, ha terminado por fomentar el surgimiento de grupos políticos radicales que promueven abiertamente el anti europeísmo e inclusive grupos políticos guiados por discursos racistas y xenófobos.

Todo esto ha sido como resultado de un cuádruple de libertades estatuidas en el corazón mismo de la fundación de la UE, que nunca fueron aceptadas en el ideario europeo.  Que sumado a la grave crisis económica que les afecta y al reordenamiento geopolítico que vive el mundo, representaran los tres pilares fundamentales que podrían corroer la existencia de una Unión Europea, al menos como la conocemos hoy día.