OPINIÓN: Análisis electoral de las elecciones legislativas EEUU 2018. Por Julio Díaz Sosa

El pasado martes 6 de noviembre se llevaron a cabo elecciones legislativas o de medio término en los Estados Unidos donde el Partido Demócrata retomó el control de la Cámara de Representantes que no ostentaba desde el 2010, y por su parte el Partido Republicano mantuvo el control del Senado que controla desde 2014.

Muchos analistas pronosticaban la famosa “blue wave” u ola azul para significar que el Partido Demócrata se encaminaba a obtener una victoria aplastante en las elecciones legislativas que se llevaron a cabo el pasado martes. La realidad es que los resultados de estas elecciones a pesar de ser favorables en la Cámara de Representantes no fue una victoria aplastante para los demócratas. Sin embargo, los resultados de estas elecciones son un reflejo de cuan dividida se encuentra la sociedad estadounidense. A continuación, vamos a realizar un análisis detallado de los resultados electorales de ambos partidos y la lectura política que deben de darle ambos de cara a la consecución del poder en las elecciones generales de 2020.

De acuerdo con datos de la firma encuestadora Gallup desde 1970 a la fecha, cuando un presidente de los Estados Unidos se encuentra con una tasa de aprobación por debajo del 50%, esto se traduce en una pérdida neta promedio de 33 escaños en la Cámara de Representantes. Al juzgar por los resultados del martes debido a que la aprobación del presidente se encuentra en 44%, los republicanos sólo han perdido 28 escaños hasta este momento con una proyección de perder 35, lo que entraría en el promedio histórico, lo cual estaría por debajo de sus últimos predecesores. En 1994, el entonces presidente Bill Clinton contaba con una aprobación de su gestión gubernamental de un 46% y su partido terminó perdiendo 54 curules. En el año 2010, el presidente Barack Obama contaba con un respaldo a su gestión de Gobierno de un 45%, y esos comicios los demócratas perdieron 63 escaños en la Cámara baja.

Las elecciones legislativas de acuerdo con estos datos no fueron un desastre total para el presidente Donald Trump, ya que se convirtió en apenas en el tercer presidente en los últimos 104 años que en su primer mandato su partido perdiendo el control de la Cámara de Representantes lograr aumentar su presencia en el Senado. Los anteriores fueron Richard Nixon en 1970, donde el Partido Republicano perdió 12 escaños en la Cámara baja y aumentó su matrícula en el Senado con 2 senadores. En 1914, el presidente Thomas Woodrow Wilson del Partido Demócrata perdió 61 asientos en la Cámara de Representantes, pero en el Senado ganó 3 curules. En la actualidad, el Partido Republicano cuenta con 51 senadores y esa matrícula podría aumentar a 55 si se confirma la victoria en Florida del gobernador Rick Scott. Pero vale la pena destacar que en este ciclo electoral para las elecciones legislativas era muy adverso para los demócratas por lo siguiente: De los 33 senadores que enfrentaban la reelección, 23 eran demócratas y dos independientes que votan con los demócratas, como es el caso del Senador por el estado de Vermont Bernie Sanders y Angus King del estado de Maine. Mientras que tan sólo ocho republicanos enfrentaron la reelección. En otro tenor, 10 de los 23 Senadores demócratas que enfrentaron la reelección, provienen de estados que Donald Trump ganó de forma relativamente fácil en las elecciones presidenciales de noviembre de 2016, tales como Ohio, Indiana y Missouri, Dakota del Norte, etc.

Estas elecciones sin duda fueron un referéndum a la gestión del presidente Donald Trump, que a pesar de la excelente marcha de la economía donde el desempleo se encuentra en 3.7%, su nivel más bajo desde diciembre de 1969, el salario real promedio ha aumentado en un 3.1%, su nivel más alto desde 2009, ha creado poco mas de 4.2 millones de empleos de su ascenso al poder en enero de 2017, y en la actualidad hay poco mas de 7.5 millones de empleos disponibles para un total de 6.6 millones de desempleados, algo nunca antes visto en la historia de los Estados Unidos, ha creado poco más de 400 mil empleos en la industria manufacturera. A pesar de ese rotundo éxito en materia económica el presidente no pudo traducir ese éxito en réditos políticos. Eso se debe a un factor fundamental, la retórica incendiaria del presidente hacia las minorías y la prensa, en especial las mujeres fueron las que les dieron la victoria a los demócratas en la Cámara de Representantes. Las mujeres votaron en grandes cantidades el pasado martes y el 59% de ellas votaron por los demócratas contra un 39% que lo hicieron por los republicanos. En las elecciones del 2016 esa diferencia fue más estrecha, ya que un 54% apoyaron a los demócratas mientras que un 42% lo hizo por los republicanos. Por otra parte, los independientes que fueron claves para el triunfo de Donald Trump en el 2016, cuando el presidente obtuvo el 48% de su respaldo contra un 42% de su rival Hillary Clinton, en esta ocasión los demócratas le llevaron una ventaja de 12% a los republicanos.

En estas elecciones los demócratas volvieron a conquistar tres estados que forman parte de la gran muralla azul, como es el caso de Michigan, Wisconsin y Pennsylvania. El Partido Demócrata ganó las gobernaciones de esos tres estados, al igual que el Senador Brown de Ohio que presentó a la reelección, aunque perdieron la gobernación que la ganó DeWine muy cercano al gobernador saliente John Kasich, un fuerte crítico de Trump y un posible rival para la nominación presidencial. En otro orden, el estado de Iowa que apoyó al presidente Trump en el 2016, que no votaba por un candidato republicano desde 1984. En esta ocasión volvió al redil apoyando a los demócratas y en las elecciones para la Cámara de Representantes, sacó a dos incumbentes republicanos, el único que sobrevivió fue el representante neonazi Steve King.

Si jugamos a la aritmética utilizando como preámbulo las elecciones presidenciales del 2016, esto dejaría destruida la coalición que llevó al presidente Trump a la Casa Blanca en lo que concierne al colegio electoral, aún ganando Ohio, esto dejaría al presidente con 246 votos electorales. Esto se debe a que el presidente está alejando de la coalición del Partido Republicano a los blancos con educación universitaria y que residen en los suburbios. Ese segmento de la población, también compuesto por mujeres blancas con educación en una sinergia con las minorías étnicas derrotaron a los republicanos en distritos que estaban bajo su control desde hacia cuatro décadas; este es el caso de los distritos 7 y 10 en el estado de Virginia. Donde existe una gran afluencia de votantes blancos educados y de tendencia conservadora votaron en contra del Partido Republicano. Sin duda alguna, los demócratas han utilizado una buena estrategia electoral, que consiste en elegir a candidatos con diferentes orígenes profesionales, culturales y étnicos para competir por los diferentes escaños; eso le rindió muy buenos réditos políticos, especialmente en distritos competitivos, y tradicionalmente republicanos como el distrito 10 del estado de Virginia y el distrito 27 en la Florida.

En las elecciones a nivel de gobernaciones el mapa electoral favorecía a los demócratas, ya que de las 36 gobernaciones que estaban en juego, los republicanos estaban defendiendo 26, mientras que los demócratas tan sólo 10 gobernaciones. Antes de estas elecciones los republicanos contaban con 33 gobernaciones y los demócratas con 16. Los demócratas les arrebataron a los republicanos las gobernaciones de Wisconsin, Maine, Kansas, Michigan, Illinois, Nevada y Nuevo México. Y se encuentra en disputa las gobernaciones de Florida y Georgia con un posible reconteo a la vista. Lo sorprendente de estas elecciones a nivel de gobernación es como algunos aliados del presidente perdieron en estados que son meramente republicanos, como es el caso del estado de Kansas. En Kansas, la demócrata Laura Kelly derrotó al Secretario de Estado de Kansas Kris Kobach, un aliado incondicional del presidente Trump que es conocido por fuerte retórica antinmigrante. En el caso de Georgia, aunque el Secretario de Estado Brian Kemp se mantiene delante por un estrecho margen sobre su rival demócrata Stacey Abrams, esta ganó el condado con el suburbio mas grande de todo el estado, se trata del condado de Gwinnett que cuenta con 920,000 habitantes. Ese condado Abrams ganó con un 56%, este es un condado que durante décadas no votaba por los demócratas hasta que Hillary Clinton lo ganó en 2016 con un 51%. Desde 2010 este condado ha crecido por 115,000 habitantes. Y otro condado que era un bastión de los republicanos como Cobb County que era la base Newt Gingrich, hoy cuenta con 755,000 habitantes y Stacey Abrams lo ganó con un 54%. Esto es un claro indicativo de que los cambios demográficos que están ocurriendo en los suburbios a lo largo y ancho de toda la nación podría afectar a estados que son columna vertebral de los republicanos como es el caso de Georgia de cara a futuros procesos electorales.

Sin embargo, los republicanos moderados que enfrentaron la reelección en la costa este del país salieron airosos de sus respectivas contiendas. En Maryland, el gobernador Larry Hogan se reeligió de forma relativamente fácil sobre su rival demócrata Ben Jealous, convirtiéndose de esa manera en el primer gobernador republicano por el estado de Maryland en ser reelecto desde 1954. En Massachusetts, el gobernador republicano Charlie Baker fue reelecto con el 61% de los votos, con el porcentaje más alto de todas las contiendas de gobernadores, y el republicano Phil Scott de Vermont y Chris Sununu de New Hampshire.

A pesar del aparente éxito político conseguido por los demócratas el pasado martes, el partido enfrenta serios desafíos de cara a los comicios del 2020, y uno de los más urgentes es el de volver a recuperar a la clase blanca trabajadora sin educación universitaria que era un bastión de la base electoral del Partido Demócrata y que fue arrebatada por el presidente Donald Trump y su mensaje “Hacer América Grande de nuevo”, ya que este segmento demográfico ha sido olvidado por la globalización y sus efectos, y por la élite liberal que dirige el Partido Demócrata. Este segmento es importante junto con las minorías para ganar estados claves de cara al 2020 como Florida y Ohio, que en términos demográficos da una clara representación étnica y cultural de como son los Estados Unidos de costa a costa del territorio continental. Y en esos dos estados los republicanos se alzaron con la victoria por el apoyo de la clase blanca trabajadora sin educación universitaria. En la Florida, el candidato demócrata Andrew Gillum, ganó los condados más poblados y diversos del estado como Miami Dade, Broward, Palm Beach, Hillsborough y Pinellas (Tampa), y Orange en Orlando, pero en los condados del norte del estado donde habita ese segmento demográfico, perdió de una forma aplastante.

En su mensaje de cambio e inclusión, los demócratas deben incluir a esa base electoral que se ha alejado de ellos, eligiendo a un candidato presidencial en las elecciones del 2020 que no sólo apele a las minorías, sino que también a esa clase blanca trabajadora para construir una nueva mayoría si quieren derrotar al presidente Donald Trump en el 2020. Por otra parte, estas elecciones enviaron un mensaje claro al presidente Trump de que su coalición puede ser destruida si las minorías salen a votar en masa como lo hicieron el martes, donde se implantó un récord de 113 millones de votantes, superando por 30 millones de votos emitidos a las elecciones legislativas de 2014. El presidente debe moderar su discurso si quiere ser reelecto en el 2020.

Los resultados del martes, tampoco deben ser un motivo para que el presidente Trump presione el botón del pánico, ya que los presidentes Dwight Eisenhower, Bill Clinton y Barack Obama fueron reelectos aún perdiendo el control del Congreso en su primer mandato. Esto se debió a las pugnas políticas por obstruir las ejecutorias del ejecutivo o el famoso “gridlock” como se conoce en inglés. Ya algunos representantes demócratas van a iniciar rondas de investigaciones y citaciones a personas vinculadas al presidente sobre temas como la trama rusa, etc. Si los demócratas inician una cacería de brujas en contra del presidente para hacerle fracasar de cara al 2020, y no se logra pasar piezas legislativas importantes en favor del pueblo estadounidense, esto podría convertirse en un bumerán para ellos, y ponerle en bandeja de plata la reelección presidencial a Donald Trump en el 2020.