OPINION: El Nacionalismo, un reto para la izquierda en el siglo XXI. Por Julio Díaz Sosa

Las contradicciones internas que salieron a relucir en el segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia terminaron en una división de esa organización política en agosto de 1903. Dicha organización política quedó dividida en dos liderazgos fuertes: Vladimir Ilich Lenin y Lev Mártov. Eventualmente, la facción dirigida por Lenin fue reconocida como miembro de la Internacional Socialdemócrata en el Congreso de agosto de 1907.

Aunque posteriormente, Lenin rompe con la Internacional Socialista el 4 de agosto de 1914, como consecuencia del estallido de la Primera Guerra Mundial. Debido a que la mayoría de los partidos socialdemócratas desecharon el internacionalismo proletario para defender a sus respectivas naciones de las invasiones militares extranjeras. Más tarde, en un congreso celebrado en Suiza en 1915 el partido bolchevique trató de convencer a los socialdemócratas para que desecharan la bandera del nacionalismo y enarbolaran el internacionalismo proletario. Sin embargo, ese intento fue infructuoso, porque los socialdemócratas posteriormente descartaron de plano la adopción de la dictadura del proletariado, como la vía de conducir al Estado socialista, por consiguiente, abrazaron el capitalismo de Estado.

Esta mirada retrospectiva a la historia nos enseña las desavenencias que han existido en la izquierda por el nacionalismo desde el inicio de su avance político global a partir del siglo XX. Dado el escenario geopolítico actual, la izquierda y los movimientos progresistas en todo el mundo deben repensar su posición en cuanto a lo que el nacionalismo se refiere, ya que los movimientos ultraderechistas vienen ganando terreno político por su discurso de barricada en contra del globalismo, en especial a lo que concierne a la destrucción de los Estados nacionales, bajo el concepto de fronteras abiertas que pregonan las élites globalistas.

El resurgir del ultranacionalismo en Europa y en los Estados Unidos se debe básicamente a que el globalismo de mercado y su política económica el neoliberalismo, propiciaron por décadas la destrucción de los aparatos industriales nacionales, en favor del gran capital financiero internacional, que empobrecieron a las masas, no sólo en el mundo en desarrollo sino en las regiones que se encuentran en el interior de los países desarrollados, como es el caso del medio-oeste en los Estados Unidos.

Estos grupos de ultraderecha han llevado a cabo una campaña mediática exitosa, donde vinculan a la izquierda y a los movimientos progresistas con la anacrónica élite globalista que busca la destrucción de los Estados nacionales y de la identidad de los pueblos. Es menester, que la izquierda internacional asuma un giro de 180 grados en su convicción ideológica sobre el internacionalismo proletario, y asuma el nacionalismo como parte del eje central de su visión holística del manejo del Estado y la sociedad, como medida de contención al peligroso avance de la ultraderecha a escala planetaria, algo que podría conducir al mundo a los albores de una Tercera Guerra Mundial.