OPINION: Estado de violencia institucional. Por Sheiner Adames

En un país donde las instituciones no funcionan, a su vez carecen de credibilidad y legitimidad, se violan los derechos fundamentales de los ciudadanos, y existe un régimen de impunidad que cubre a los responsables de tales aberraciones que laceran la dignidad humana e impiden el desarrollo de un pueblo, estamos hablando de un estado de violencia institucional.

La violencia no solo se manifiesta en forma física o agresiva, en términos políticos, esta también tiene un mecanismo para operar basado básicamente en la arbitrariedad que caracteriza el accionar de los entes públicos frente a los ciudadanos, por eso decimos que la democracia se debilita, en la medida en que los actores de un sistema, no procuran fortalecer sus instituciones actuando apegados a las leyes y aplicando sanciones a su incumplimiento, sino más bien, que siguen jugando en un círculo vicioso que mantiene intereses de todo tipo vigentes, que todo el mundo sabe que esos intereses, en nada benefician o permiten el necesario cambio en el manejo de los órganos públicos de toma de decisiones y acceso a las instituciones que controlan el sistema político y la sociedad.

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La desesperación, indignación e impotencia que causa vivir en un estado que no le da respuesta a los problemas básicos de la gente, ni tampoco esperanzas, peor aún, de manera descarada se justifica y utiliza su poder para maltratar y avasallar al más débil, esos son los detonantes necesarios para enardecer a las masas subyugadas y provocar revelaciones contra el poder público constituido, que pueden dar al traste con el estado de cosas. Para poner un ejemplo, veamos la revolución francesa, donde las causas principales de la misma, fueron los privilegios y la opulencia de la monarquía, contrastados con la injusticia social y hambruna que padecía el pueblo.

En República Dominicana, la violencia institucional tiene lugar desde una simple solicitud de acceso a información pública denegada por silencio administrativo de una institución del estado, negándose a la transparencia, que es elemental en todo Estado Social y Democrático de Derecho, hasta la tortura a la que son sometidas personas detenidas por los cuerpos de seguridad del estado, para obtener confesiones y/o informaciones de forma evidentemente ilegal, pero nada pasa. Dos ejemplos extremos, que revelan desde lo más simple, hasta algo más complejo, cómo en nuestro país las instituciones pura y simplemente no funcionan.

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Tendrá que provocarse desde el seno mismo de la sociedad, preferiblemente organizada, un proceso disruptivo, en el cual se remuevan los cimientos que mantienen atados y operando los hilos que mueven el poder, haciéndoles entender que se puede engañar a muchas personas durante un tiempo, pero que no se puede engañar a todo el mundo, todo el tiempo. En ese sentido, observado los últimos acontecimientos de manifestaciones sociales en el país, puedo vislumbrar que el escenario ideal para que inicie el cambio no está muy lejos, incluso muchos dicen, que es ahora.