OPINION: Lo que pasará hoy. Por José Luis Taveras

Jose Luis Taveras

Escribo esto el domingo antes de las elecciones. No desearía que ese día fuera como el de hoy: lluvioso, plomizo y tardo. Aunque es iluso imaginar un domingo sin tedio. Esta semana promete pasar rápido por las expectativas que concita la primera “reposición” de unas elecciones. Una experiencia extraña que nutre aún más nuestro viejo fatalismo electoral. Esa idea neurótica de que el desenlace siempre vendrá bañado en sangre.

El domingo 15 no augura nada distinto a lo de siempre: gente madrugando en masa, colegios con demoras, quejas por la lentitud, algunos pleitos y un conteo pesado. Las voces regias de los locutores leerán ceremoniosamente y durante tres días los resultados de las votaciones por municipios. Y, claro, las clásicas denuncias de ocasión: compra de votos, impugnaciones, padrones dislocados, inconsistencias de actas, entre otros virus electorales para los cuales hemos desarrollado potentes inmunidades. Al final, la rutina callará los resabios y la gente, empachada del tema electoral, se recogerá en sus ocupaciones.

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Los mapas de los resultados serán desplegados a sus anchas en las portadas de los diarios. Si el oficialismo saca la ventaja, no variará el discurso hasta el 17 de mayo: dirá que las elecciones presidenciales se decidieron el domingo y que sus resultados no pueden divorciarse de los venideros. Si la oposición empareja o aventaja, nada evitará su triunfalismo con el lema de que las presidenciales se decidirán en primera vuelta. El oficialismo jugará con las cifras, alegando que ganó en más municipios; la oposición lo hará con los votantes y dirá que ganó en los más poblados. Un juego de sofismas y apariencias del cual derivarán escasos réditos porque las candidaturas presidenciales se apoyan predominantemente en sus propios méritos y ofertas.

La Junta Central Electoral es la más interesada en pasar esta prueba después de dos funestas reprobaciones. Querrá reivindicarse tempranamente ante una sociedad electoral permisiva y de frágil memoria, pero se quedará con el estigma de haber suspendido unas elecciones por primera vez en la historia dominicana; más que un mal recuerdo, una herida. Esta vez no le será fácil; hay otras sensibilidades y celos en juego, si no, pregunten en la Plaza de la Bandera. El reto de la Junta Central no pierde tamaño ni con un desempeño aceptable en estas elecciones; le quedan las de mayo, un compromiso solo comparable con las del 1978, momento en que latían las mismas pasiones en pugna: la decisión del cambio como designio histórico y la resistencia de un régimen para ceder poder. Esa circunstancia se reedita para polarizar las atenciones.

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El Gobierno no reparará en sacar votos sin importar su precio; está consciente de tres verdades: que su candidato no tiene forma de alcanzar la primera preferencia; que a lo más que llega es a forzar una segunda vuelta, y que aún en este escenario no podrá armar una alianza competitiva con el que quede en tercer lugar. Pese a los recursos empeñados, la decisión del cambio marcará la diferencia y aún más después de la crisis generada por la suspensión de las pasadas elecciones.

El domingo 15 nos ayudará a aliviar el trauma, pero no a ceder la vigilancia. La idea de abandonar un poder retenido por años o de llegar después de tanta espera crea ansiedades en ambos lados; esa posibilidad les roba a algunos el sentido de la realidad empujándoles a pensamientos destructivos o delirantes, según el caso, que terminarán en inofensivas necedades. Al final, la resolución de esta sociedad de hacer respetar su voto se impondrá a cualquier invento o trama. Si algo valioso aportó la crisis postelectoral fue evidenciar esa vocación de forma inequívoca.

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Veremos que no pasará nada distinto a lo de siempre, ni más ni menos, por más arrogantes que sean los aspavientos. De manera que oídos tapados para los vaticinios de caos. Vayamos a darle a la democracia nuestra mejor ofrenda: el voto; una expresión cada vez más cara y alta en una democracia amorfa, desigual y de exclusiones gratuitas. Ayudemos a otros a ejercerlo, facilitándole los medios para que puedan hacerlo a tiempo, en libertad y conciencia. Defendamos al voto votando.