OPINION: Migración haitiana no es “carga”. Por Narciso Isa Conde

La migración de un significativo porcentaje de nacionales haitianos a nuestro país ni es “invasión” ni es “carga”; como no lo es la migración dominicana a EEUU,  Puerto Rico, Venezuela, Europa, Australia…

Los flujos migratorios son fenómenos económicos-sociales y en casos específicos son fenómenos políticos, muchas veces  provocados por guerras, invasiones militares y tiranías.

Los hay también generados por deterioros ambientales que afectan gravemente las condiciones de existencia y de vida de las comunidades (terremotos, tsunamis, desertificación…).

Son fenómenos tan antiguos como la historia de la humanidad.

El flujo migratorio de República Dominicana a EEUU duplica el de Haití a Dominicana.

En Venezuela llegaron a establecerse 150 mil dominicanos/as.

En Puerto Rico más de 300,000.

La migración de África a Europa Occidental es colosal en términos comparativos y la de Europa Oriental a Europa Occidental es muy elevada.

La de Asia y la subregión región latino-caribeña a EEUU es de decenas de millones de personas.

A quienes no somos seres envilecidos por el racismo y la xenofobia no se nos puede ocurrir que África esté “invadiendo” a Europa, o Europa Oriental a Europa Occidental, o la América Morena a Norte-América; o que el mal llamado “Tercer Mundo” empobrecido esté “invadiendo” al “Primer Mundo”.

Más bien ha sido a la inversa, si se tienen cuenta las conquistas militares, la colonización, las guerras de agresión, el saqueo económico, las imposiciones políticas violentas, las masacres y los genocidios practicados por las grandes potencias europeas y norteamericana contra los pueblos de África, Asia, América Latina y el Caribe.

Por eso reitero que hablar de “invasión pacífica” haitiana a RD es algo aberrante y perverso, porque las invasiones son violentas y porque migrar no es invadir.

Pero además presentar a los/as trabajadores migrantes, a esos sectores empobrecidos, desempleados,  socialmente excluidos procedentes de otros países como una “carga” para el país receptor, es una gran mentira.

  • Aportan más que lo que reciben

La verdad -incluso ya estudiada (aunque aquí  se ha evadido hacer las investigaciones correspondientes)- es que en todos o casi todos los casos los/as emigrantes generan mucho más riquezas al país receptor (generalmente con mayor desarrollo de sus fuerzas productivas y de su ingreso nacional), que lo que ellos reciben en salarios, ingresos diversos y servicios públicos.

Más aún, dentro de la perversa dinámica capitalista de producir riquezas empobreciendo, los/as emigrantes se ubican entre las personas más empobrecidas, residentes en las aéreas más vulnerable, del país receptor; aunque le pueda ir algo mejor que en su país de origen.

También ver  Narciso Isa Conde: "En RD hay una dictadura disfrazada de democracia"

Esa riqueza, producto del trabajo colectivo de esa fuerza laboral “extranjera”, es cuantiosa, porque la mayoría de sus componentes -y sobre todo los/as indocumentados/as- son sometidos/as a condiciones de sobre-explotación (trabajos duros y agobiantes, chiripeo, empleos informales, jornadas largas, bajísimo salarios, negación de derechos laborales, cero prestaciones, marginación, marginación de las normas de cesantías y pensiones, inseguridad social y pésimas condiciones de vida).

En muchos casos la discriminación racial y la condición de extranjeros/as, despreciados/as por la cultura dominante, agravan los malos tratos.

El asunto es que las riquezas que producen no va a parar al pueblo trabajador del país receptor, sino fundamentalmente a los sectores  poderosos y medios que los sobre-explotan y hasta semi-exclavizan.

Incluso el tráfico de migrantes se convierte en un gran negocio de militares, políticos y empresarios diversos.

Esto se expresa de manera dramática en las relaciones dominico-haitiana donde la custodia y administración de la frontera terrestre se ha convertido en un negociazo con variadas facetas.

  • Tráfico humano, racismo y xenofobia amalgamados 

Igual pasa con nacionales de Haití agobiados por el empobrecimiento a consecuencia del coloniaje de las potencias imperialistas y de la explotación de despiadada clase dominante-gobernante de ese país vecino, víctimas de autoridades y empresarios corruptos beneficiarias del tráfico.

Los opresores de los emigrantes son a su vez son protegidos por los mismos que orquestan por abajo las campañas de odio que responsabiliza de muchos de nuestros males (en el campo de la salud, la educación, la alimentación y los temas ambientales), los sindica como seres inferiores y desechables, los discrimina y los presenta como invasores indeseables.

Gobernantes y magnates, intelectuales y comunicadores a su servicio,  políticos ladrones y jefes militares inescrupulosos –muchos de ellos esgrimiendo una xenofobia y un racismo medular de corte nazi-fascista- presentan al país vecino y a un pueblo merecedor de respeto como un “gran peligro” para nuestra Nación y como factor determinante de múltiples penurias presentes en la sociedad dominicana derivadas del lumpen capitalismo imperante.

Presentan así a quienes desde Haití emigran por razones de sobrevivencia -obviando su similitud con el flujo migratorio de nuestro pueblo hacia “los países”- como  una “carga” indeseable y como despreciables “invasores ilegales”; a pesar que no son carga, no son invasores y no son ilegales.

Y luego de haber argumentado por qué no son “carga” ni “invasores”, deseo a continuación precisar porque resulta extremadamente peligroso considerarlos “ilegales” y  no precisamente indocumentados/as.

  • El calificativo de ilegales: instrumento criminalizador

La ilegalidad es un delito y los delitos se reprimen y castigan, pero resulta que emigrar a otro país por razones de sobrevivencia jamás puede ser considerado como un delito.

También ver  OPINIÓN: Odebrech, Lula y Danilo. Por Narciso Isa Conde

Es realmente un drama social motivado por la negación del derecho a la vida. Es un fenómeno con ribetes de tragedia.

Porque no es verdad que grandes contingentes humanos abandonan su patria, su familia, su entorno…por maldad. Lo hacen para sobrevivir, auto-protegerse y tratar de superar una vida de calamidades.

Calificarlos de “ilegales” conduce a criminalizar la migración, a hacerle la guerra, a militarizar el problema, a considerarlo asunto de seguridad nacional (asignado a las Fuerzas Armadas).

Conduce necesariamente a criminalizar un tema que requiere ser tratado de otra manera, respetando siempre la dignidad humana y los derechos esenciales de ambos pueblos.

La miseria no se combate ni apresándola ni matándola, sino erradicando sus causas.

Esa modalidad represiva e inhumana de abordar los flujos migratorios es propia de Estado y poderes opresores y en la actualidad mundial el imperialismo estadounidense la está llevando a niveles paranoicos y aberrantes, considerándola “delito mayor” junto al terrorismo y al tráfico de armas, drogas y bandas gansteriles, e incluyéndola en la agenda de sus nefastos programas de “seguridad nacional” y de “combate a la delincuencia” a escala internacional.

En este tema EEUU trata a nuestra República Dominicana con una cierta singularidad que tiende a confundir: frente al problema migratorio en nuestra isla, sus autoridades políticas y militares hipócritamente se presentan como defensores de los derechos de la migración haitiana y de los dominico-haitianos/as, por tratarse de un fenómeno fuera de su territorio que le permite simular sin pagar costo y ganando “prestigio”.

Pero sus voceros no dicen eso ni actúan similarmente respecto a la migración haitiana, dominicana, colombiana mexicana, salvadoreña, árabe-islamita… que intenta entrar o está establecida en el territorio de esa súper-potencia.

Porque la verdad es que en el pasado y en la actualidad ese poder imperial impone las causas de grandes flujos migratorios, incluido el empobreciendo de estos y otros países; al tiempo que discrimina a los/as emigrantes de los países dependientes, los sobre-explota, acosa, persigue y reprime en su territorio y en la ruta hacia él; llegando al extremo de considerar esas migraciones como blanco de ataque de una guerra global supuestamente destinada a preservar su seguridad.

  • Aportes de una “carga”

La supuesta “carga” que le ha impuesto a nuestro país la población haitiana residente aquí  es muy singular cuando se comparan sus aportes a la industria azucarera con el infernal corte de caña en medio de una vida miserable en los bateyes; sus aportes en la recolección del café, su trabajo en las fincas arroceras, bananeras y otras unidades agrícolas y pecuarias, sus servicios domésticos y sus enormes y recientes aportes a las industrias de la construcción, muy mal pagados.

También ver  OPINION: Capitalismo Gansterizado. Por Narciso Isa Conde

Portentosas obras de infraestructuras, hospitales, escuelas, torres, programas de viviendas, carreteras, calles, aceras…han sido construidas con la contribución de estos emigrantes sometidos a precarias condiciones laborales y a pésimas condiciones de vida.

Los enormes montos de las ganancias empresariales por ese concepto contrastan con la mínima parte del producto que reciben los abnegados trabajadores/as haitianos/as por sus duros trabajos.

Pasa también con grandes contingente de la clase obrera dominicana y los chiriperos/as de nuestro país, pero ciertamente en el caso de la población haitiana, o de origen haitiana, es peor; sin contar otros maltratos y sinsabores producto de la discriminación y los prejuicios racistas.

Así,  gran parte de las riquezas que produce el trabajo de la migración no va ni a sus bolsillos ni a los del pueblo humilde de nuestro país, sino a engrosar las fortunas de altos funcionarios del CEA, dueños de ingenios, latifundistas, burgueses agrarios, generales, ministros, carteles de la construcción, grandes hoteles e impenitentes traficantes de seres humanos.

Sería interesante cuantificar cuál proporción de la inmensa fortuna del GRUPO VICINI, GRUPO ESTRELLA, GRUPO MODESTO, MALESPÍN, los DIANDINO, FÉLIX BAUTISTA, DÍAZ RÚA, entre otros, corresponde al producto del trabajo haitiano apropiado por el gran capital.

Es importante precisar cuál es el monto anual de las voluminosas cuotas de plusvalía correspondiente a esa labor, o cuánto aporta anualmente esa explotación al PBI y  a las arcas de la alta burguesía. Y más interesante aún sería compararlas con el total de los deprimidos ingresos y el costo de los malos servicios que reciben los trabajadores y chiriperos haitianos/as radicados aquí, junto a los detalles de las condiciones de trabajo y de vida.

La verdad debe florecer para ponerle fin a esta terrible y peligrosa campaña de odios y mentiras vertidas para envenenar las relaciones entre dos pueblos que deben solidarse entre sí para enfrentar a sus verdaderos enemigos locales y transnacionales.