OPINIÓN: Obligándome a creer. Por Gramsci Guzmán

«El llamado es a nuestro comandante en jefe Nicolás Maduro para que atienda a este pueblo campesino, ya que los niveles de producción para nadie es un secreto que están por el suelo.  Nosotros presumimos que no se presentó a tiempo un plan B para llegar y sobreponernos a la grave crisis que en todo caso afronta a nivel nacional la sociedad venezolana para el alcance de los alimentos. Este pueblo campesino, este movimiento campesino, esta marcha campesina admirable es precisamente para llegar y aportar ideas que conlleven a que nuestro camarada Nicolás Maduro tome el control y que con nosotros como eslabón  principal de la cadena productora los pequeños conuqueros y conuqueras entonces podamos articular de manera perfecta para que ya de una vez por todas seamos visibilizados y se nos reconozca los derechos a los pequeños productores».

Palabras de ​Jesús Osorio​, dirigente campesino Venezolano, en una entrevista a un medio público en lo que conocimos como la Marcha de la dignidad.

Obligándome a creer 

Hace 3 años y 5 meses que compré estas botas, y  juro por la virgen que nunca han pesado tanto como ahora. Nací en el campo al igual que mi padre, mi abuelo y el padre de mi abuelo. El sol fue, es y será  la vitamina que penetra las grietas en la ventana que insolentemente dejan pasar la luz que despierta mi amor por las mañanas con neblina. Confieso que ha aleteado en mi mente la posibilidad de dejar el campo para ir a la ciudad, pero el alma de mis antepasados me agarran las patas cada vez que trato de poner un pie fuera de la tierra que los vio nacer y, que los recibió con lluvia en el día que se los tragó para siempre. Hoy pedí permiso a mis fantasmas dándoles un trago de ron barato, que dejé caer en sus tumbas para salir a buscar respuestas que muy probablemente se me nieguen.

Hoy caminamos, todos juntos. Sí. Caminamos los que vestimos mal, los que nos faltan uno que otro diente, los que nos comemos las S’s, los más castigados, los que no nos interesa la burocracia ni los números, los que no sabemos nada de macroeconomía, los que nos casamos con la primera novia hija del dueño de la tienda del pueblo, los que parimos porque es una bendición de Dios. En fin, los olvidados. Es posible que no tengamos respuesta a estos problemas tan complejos, o quizás sí. Como comenté en el segundo párrafo, toda mi ascendencia de lo único que supo fue de ensuciarse las manos con la tierra y la definición de ilusión que tenemos es ver la yuca que sale entera y enorme goteando vida al sacudirle la tierra. Veo más compañeros que se suman, llenos de indignación, algunos tristes, otros ilusionados y otros hasta cantando, pues.

Un buen número de nosotros pensamos que aún queda algo de esperanza en este proceso que hizo volver a creer a tantos a pesar de los errores de algunos y los horrores de otros. Caminamos, sí, caminamos. Tenemos por destino visitar educada mente y con amor a quien nos dicen está a cargo. ¿Para qué? Pues aún no sabemos. Pero esperamos que para bien, porque no creo que podamos estar peor.

Discúlpenme por intentar meterme en la piel de alguno de los compañeros que marchaban. Intenté, de seguro sin éxito, en la primera mitad de este texto, retratar de algún modo la realidad que se vivió en esa caminata donde quemaba el sol y, molestaba el polvo, el vapor del asfalto que hacían sudar las botas de trabajo llenas de lodo de nuestros compas del campesinado.

Maduro tiene la oportunidad que en mi opinión se perdió luego del golpe de Estado del 2002 y al igual que reza el título de este humilde escrito, me estoy obligando a creer que no se le dará la espalda al pueblo trabajador venezolano una vez más. Ya no se le puede exigir más a este pueblo valiente y luchador, todo tiene un límite. Y aunque la buena voluntad de este país hermano parece infinita, sospecho que ha llegado a su fin. Los límites del reformismo, el cáncer burocrático y el freno a la iniciativa de la clase trabajadora, no tiene cabida en la situación venezolana. A pesar de ver como el gobierno se sienta OTRA VEZ con Lorenzo Mendoza y sus secuaces a pactar precios, me obligo a creer solo y simplemente por la fe en ese pueblo noble y combatiente que ha demostrado una y otra vez la fe en un proceso que le ha dado la espalda en numerosas ocasiones. La clase trabajadora y el campesinado digno venezolano debe forzar la radicalizaron del proceso revolucionario a pesar de la burocratización del Estado. Tomar posesión de los medios de producción y embarcarse en un proceso transitorio al socialismo, arrebatando los privilegios no solo a la oligarquía, sino también a los traidores burócratas que de chavistas y socialistas solo tienen el color de sus camisas.

El futuro es nuestro, venceremos…

Gramsci ​Guzmán

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