OPINION: Una nueva crisis se avecina en el Sistema Capitalista. Análisis de Julio Díaz

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El capitalismo como todo sistema económico sufre de crisis sistémicas que, a largo plazo las cuales no sabemos cuándo decretarán su desaparición como sistema de medio de producción. Los modelos macroeconómicos que utilizamos los economistas para analizar las políticas económicas y evitar los ciclos recesivos y sistémicos, no están apegados a la realidad.

 A raíz de la desaparición del patrón oro en el año 1971, el sistema monetario y financiero global ha sido regido por el sistema de libre fluctuación que ha dejado desde entonces la estabilidad del sistema financiero internacional a merced del capital financiero, y es una de las principales razones de las graves crisis financieras que ha vivido el sistema capitalista en las últimas cuatro décadas. Una de las principales razones por la cual los bancos centrales del mundo no quieren el sistema de patrón de oro devuelta, es por el desbalance que tienen en sus estados de situación, que les imposibilita sanear el sistema financiero internacional.   

 Desde el año 2009 existe un desbalance en los estados de situación de los principales bancos centrales del mundo, debido a la adopción de una política monetaria expansiva a través de la realización de operaciones de mercado abierto, mejor conocido como alivio cuantitativo o Quantitative Easing, que entraron en vigor debido a la ausencia de estímulos fiscales los suficientemente amplios para estimular la economía. Dado que los estímulos económicos de la economía global se dieron a través de la política monetaria, ahora los bancos centrales del mundo están sentados sobre una bola de nieve que tienen que descomprimir. En el caso específico de los Estados Unidos, el desbalance en el estado de situación de la Reserva Federal es de 4.5 trillones de dólares, el cual ha ido normalizando, pero no a la velocidad esperada, lo cual podría ser muy tarde al momento de otra crisis financiera.  

Todo este entramado monetario ha sido posible por la ausencia del patrón oro, ya que con la vigencia de este sistema la oferta monetaria seria real y no ilusionista como en la actualidad. Y el precio del oro tendría que ser fijado en base a la realidad existente de la oferta monetaria y no en sofismas. Por ejemplo, sí tomamos las cuatro economías más grandes del planeta (Estados Unidos, China, Unión Europea y Japón), nos daremos cuenta de que su oferta monetaria M1 que incluye (papel moneda, monedas, cuentas corrientes, depósitos, y ordenes de retiro), es de aproximadamente 24 trillones de dólares. Sí el 40% de esa oferta monetaria está respaldada por oro, eso sería 9.6 trillones de dólares, y las reservas oficiales de oro en este momento están en 33,000 toneladas, esto daría como resultado que el precio por onza del oro estaría en 10,000 dólares por onza. El problema no es la escasez de oro, sino el desbarajuste monetario existente y no fijar el precio del oro de una manera correcta.

Esa fue la principal causa de la crisis financiera británica de 1926, que fue uno de los epicentros de la Gran Depresión que se inició en 1929. El precio del oro se redujo, lo que es sinónimo de deflación, por ende, había que reducir la oferta monetaria y no se hizo. Con la desaparición del sistema del patrón oro para regir las políticas monetarias, el sistema financiero internacional ha quedado basado en la «confianza o expectativa,» lo que ha devenido en grandes crisis sistémicas en los últimos 45 años, tales como: El lunes negro, del 19 de octubre de 1987, donde el mercado bursátil estadounidense perdió 22% de su valor en un día. La Crisis del Tequila en México 1994-1995, la crisis del sudeste asiático, Rusia y la caída del fondo de cobertura más grande del mundo en ese entonces Long Term Capital Management entre 1997 y 1998, la burbuja de las empresas punto com en el 2000, y la crisis hipotecaria de 2007 y 2008, que condujo a la caída de Lehman Brothers y AIG.

Algunos economistas como Jim Rickards han introducido a las ciencias económicas el modelo de la teoría de la complejidad que proviene de la física, que utiliza un sistema de escala para medir el impacto de cada política y el precio de cada activo financiero, esto da un mejor reflejo de la realidad. Y es algo que los modelos macroeconómicos que utilizamos los economistas son obsoletos tales como: los modelos del equilibrio general, la curva Phillips, el de los mercados eficientes, el modelo de Black Scholes para predecir los precios de derivados financieros, ninguno de estos modelos refleja la realidad que ocurre a nuestro alrededor y muchos menos en el escenario económico mundial actual.  

Con la desaparición del patrón oro, los monetaristas han creído que las soluciones a los problemas económicos son meramente monetarias, y a través de la historia hemos visto que esas políticas monetarias expansivas lo que hacen es inflar los activos financieros como ha ocurrido en la actualidad, lo que han envuelto a todos los agentes económicos en una burbuja financiera y en una trampa de liquidez fruto de las bajas tasas de interés. Desde entonces hemos visto, que la monetización de la deuda de los Estados Unidos es una norma, por el simple hecho de que el dólar es la moneda de referencia mundial y el 63% de los activos financieros tranzados en el mundo están denominados en dicha moneda. Es por ello, que los funcionarios actuales de la Reserva Federal no les importan si viene otra crisis financiera y aún el estado de situación de la Fed permanece en ese monto, porque no les importaría duplicarlo a 9 trillones de dólares. Todo eso es posible en base a una palabra mágica que ha sido la glorificación de los mercados financieros «confianza.»  Sin embargo, el día que se pierda la confianza en el dólar estadounidense todo será un caos, y vendrá la ilusión monetaria, porque a muchos no les va a importar y querrán dólares, y esto traerá como consecuencia una inflación galopante. Algo similar ocurrió en la década de los 70, durante la administración del presidente Jimmy Carter, debido a la desconfianza en el dólar estadounidense, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos tuvo que emitir bonos del tesoro denominados en francos suizos, ¡vaya que ironía!

La solución más idónea para lograr estabilidad en el sistema financiero es regresar al patrón oro, para que de una manera objetiva sinceremos los precios de la economía, incluyendo los activos financieros. De lo contrario, el castillo de naipes se continuará derrumbando a cada momento hasta que un día la vorágine del yugo se revele en contra de las elites gobernantes y económicas y de paso se lleven consigo el sistema capitalista.