Reducción de impuestos a los ricos no es sinónimo de crecimiento económico. Por Julio Díaz

Esta semana la administración del presidente estadounidense Donald Trump anunció a los medios de comunicación su plan de recorte de impuestos que abarcarán todos los extractos sociales. Dicha medida contempla una reducción de los impuestos corporativos de 35% en la actualidad a un 15%, lo cual provocará una pérdida de $2.2 trillones en ingresos tributarios para el gobierno estadounidense en los próximos 10 años. Por otra parte, el gobierno ha contemplado recortes de impuestos para toda la población, que según estimaciones realizadas por el Comité para un presupuesto  federal responsable, estipula que el gobierno federal estadounidense dejará de percibir en ingresos tributarios fruto de estos recortes, por un total de $5.5 trillones en los próximos 10 años.

Los contribuyentes estadounidenses que se encuentran en el nivel de ingresos más alto verán reducidas su tasa marginal de impuestos de un 39% a un 35%, las personas que se encuentran en dicho nivel de ingresos son aquellos que perciben salarios de $250,000 anuales en adelante. Aquellos que perciben menos de $24,000 anuales no pagarán impuestos sobre la renta, debido a un aumento de las deducciones estándar que contempla el código tributario estadounidense.

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Por más de 40 años los conservadores en Washington, en especial los Republicanos han abogado por una simplificación del código tributario y en un recorte de impuestos a los ricos, que a su entender van a generar más empleos, un aumento de los ingresos tributarios y mayor crecimiento económico.  Esta tesis económica Republicana se basa en el Laffer curve o curva Laffer, esta curva que han jugado rol central en la política económica de los Republicanos por más de cuatro décadas, fue estipulada por el profesor de economía de la Universidad de Chicago Arthur Laffer. La leyenda de esta singular curva surge de la siguiente manera. Una noche en 1974 el señor Laffer tuvo una cena en un hotel lujoso de la ciudad de Washington con Dick Cheney, Donald Rumsfeld y el editor del diario Wall Street Journal Jude Wanniski. En dicha cena, estaban discutiendo el plan de reforma fiscal del entonces presidente Gerald Ford, de repente el profesor Laffer tomó una servilleta y dibujó una curva que se ve de la siguiente manera.

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La línea horizontal representa el nivel de tasas impositivas, y la línea vertical representa la cantidad de ingresos tributarios que el gobierno recaudaría de los contribuyentes. En el margen inferior izquierdo vemos que la tasa impositiva es 0%; en este caso el gobierno no obtendría ingresos tributarios. Por otra parte, vemos que en la parte inferior derecha, la tasa impositiva es de 100%; es decir que cualquier ingreso que reciba el contribuyente, ya sea por concepto de salario o ganancia de capital irá directo a las arcas del Estado.

Vemos que en el rango intermedio de la curva, donde el gobierno grava un estimado entre 0% de los ingresos y el 100% de los ingresos. En otras palabras, en el mundo real, el gobierno central no recibe una cantidad de ingresos tan elevada. Esto quiere decir, que la curva que muestra la correlación positiva entre la tasa impositiva y los ingresos tributarios del gobierno no puede ser una línea recta, porque los ingresos tributarios para ser maximizados deberían ser a ambos extremos, pero vemos que en ambos extremos el gobierno no recibiría ningún tipo de ingresos tributarios. Con esta explicación matemática nos damos cuenta que disminuir los impuestos no es sinónimo de un aumento de las recaudaciones por parte del gobierno. Muchos de mis amables lectores se preguntarán: ¿Por qué este axioma del Laffer Curve tuvo tanta acogida entre los hacedores de políticas públicas en Washington?  La respuesta simple a esta interrogante la suministró el mismo Wanniski cuando dijo, que era algo fácil de explicar a un político en seis minutos y podría pasar seis meses hablando del tema. Esa es la realidad, esta tesis del profesor Laffer es música para los oídos de los políticos conservadores y los intereses que representan, y es por ello que han enarbolado la bandera de los recortes impositivos a diestra y siniestra.

Cuando Ronald Reagan llegó a la Casa Blanca en el año 1981, adoptó las ideas del profesor Arthur Laffer para llevar a cabo el mayor recorte de impuestos de la historia. Para llevar a cabo ese cometido nombró como uno de sus principales asesores económicos a Jude Wanniski. Sin embargo, los recortes impositivos llevados a cabo por Reagan no surtieron los efectos enarbolados por el Laffer Curve, de que una reducción de los impuestos iba a aumentar las recaudaciones. Los ingresos tributarios por concepto del impuesto sobre la renta de personas físicas (ajustado por la inflación), cayó en un 9% desde 1980 al 1984, a pesar de que el ingreso real promedio aumentó en un 4% durante el mismo período, estas cifras son ofrecidas por la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) por sus siglas en inglés, una institución apartidista.

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 Otro ejemplo palpable de que este tipo de políticas tributarias no funciona, lo tenemos en el caso de Irlanda. En el año 2010 a raíz de la crisis financiera, dicho país redujo su tasa corporativa a 12.5%, con la esperanza de generar mayor crecimiento económico a través de un mayor flujo de inversión, y por ende generar más empleos. Sin embargo, la generación de empleos y el crecimiento económico esperado ha sido anímico, lo que sí ha causado es una distorsión en la medición del Producto Interno Bruto (PIB). En el año 2015 la oficina estadística de Irlanda arrojó como resultado que el PIB se expandió en un 26%, los propulsores de estas políticas tributarias estuvieron eufóricos y continuaban vendiendo la idea de que el recorte impositivo es el camino para generar crecimiento. Pero no se detuvieron a analizar que se trataba de un error metodológico en la medición del PIB de ese país europeo. Como resultado de la reducción de las tasas corporativas, muchas compañías optaron por mudar sus cuarteles generales a Irlanda, por lo que la producción resultante de los activos de dichas empresas será parte del PIB de Irlanda. Esto no se tradujo en un aumento significativo de las inversiones ni del nivel empleo en dicho país.

Históricamente, la propensión marginal al consumo de las personas más adineradas en los Estados Unidos es de 0.2, es decir que de cada  dólar que genera este grupo, solo gastan 20 centavos de dólar. Y es que las personas con ingresos altos no tienden a gastar dinero sino a invertirlo en sus compañías y en activos financieros. Por lo tanto, un recorte impositivo a este grupo no se traducirá en mayor consumo y por ende en un crecimiento robusto de la económica estadounidense, donde el gasto de los consumidores representa el 66% del PIB. En cambio, la propensión marginal al consumo de la clase media es de 0.7, es decir que de cada dólar que genera este segmento de la población, gastan 70 centavos de dólar. Es por ello, que a la hora de realizar una reforma tributaria se debe pensar en realizar recortes a la clase media, porque son el motor de la economía estadounidense, no los ricos.

 Mi conclusión: Los recortes impositivos a los más ricos han causado un aumento significativo del déficit presupuestario, así lo vimos durante la era del presidente Ronald Reagan y del presidente George W. Bush. Como consecuencia de una reducción de impuestos a los ricos, las recaudaciones no aumentaron como se esperaba y el déficit fiscal primario alcanzó niveles históricos, socavando la estabilidad macroeconómica de los Estados Unidos. No es cierto que la reducción de impuestos es neutral en términos de ingresos tributarios, reducen de manera significativa los mismos, atando de mano al Estado para hacer frente a las demandas sociales y de carácter de seguridad nacional. Los hacedores de políticas públicas antes de echar andar este proyecto, deben ver la elasticidad del consumo que cada segmento y ver cual contribuye más al PIB y al aumento de las recaudaciones.

Nota: El gráfico fue tomado de la página web thismatter.com