Sobre el imperialismo depredador. Por Elvin Calcaño

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No soy anti-americano. Aprecio y admiro muchas cosas del pueblo estadounidense. Sobre todo en los ámbitos de la música, cultura y deporte. La mayoría de mis ídolos musicales y deportivos son de Estados Unidos. Particularmente aprecio la música afroamericana que, en mi perspectiva, es la más importante del mundo ya que los afromaericanos fueron los creadores de los géneros musicales hoy día más culturalmente determinantes como el rock, rap, hip hop, jazz y blues. Amo el béisbol, la NFL y la NBA. New York es de mis ciudades favoritas. De mis escritores preferidos, especialmente novelistas, varios son estadounidenses: Toni Morrison, Foster Wallace, Faulkner, Franzen, Paul Auster, Truman Capote, Dos Pasos, Alice Walker y otros. De la política actual norteamericana sigo con gran admiración y respeto a Bernie Sanders y Elizabeth Warren, así como movimientos sociales que, en respuesta al neoliberalismo financiarizado y ahora Trump, están surgiendo desde las bases ciudadanas estadounidenses.

Estados Unidos es un país fundamental en la historia moderna. Por la fuerza de su pueblo, lo que ha creado y su diversidad. Hablar del pueblo de ese país es una cosa, y hablar de sus élites, es otra totalmente distinta. En su pueblo hay resistencias y cosas hermosas que tomo como referentes.

Ahora bien, lo que rechazo absolutamente, con todas mis energías, es a las élites que gestionan y operativizan la maquinaria imperial de ese país. Constituidas de hombres blancos (fenotípica y mentalmente), millonarios, racistas y depredadores que se construyen, ontológicamente, en la lógica colonial-maniquea de ser a partir de le negación de lo otro. Lo cual determina estructural y culturalmente en casi todas las esferas del poder de ese país. Y, a su vez, a nivel externo por cuanto imperio con presencia e intereses globales. El resultado material de esto último implica depredación, guerras por recursos, sometimientos coloniales, privilegios de minorías blancas vía exclusión de mayorías no blancas, injerencias en países extranjeros, visión de América Latina como un simple patio trasero, inclusión con exclusión de la otredad, entre otros factores. Mi completa oposición y negación de esas fuerzas imperiales.

Desde mi ser-estar como hombre no blanco, afrocaribeño, enunciando desde el Sur, rechazo ese imperialismo y antes que todo me posiciono, geopolíticamente, con mis hermanos pueblos de nuestra América Latina. Respetando sus procesos y decisiones. Siempre a favor, ante todo, de nuestra soberanía, voz propia y justicia para nuestras mayorías. Esto es, del lado de nuestros pueblos. Ante cualquier amenaza y por difícil que sea la situación de alguno de nuestros países. Siempre crítico y libre en mi pensamiento. Nunca seré aliado directo o indirecto del imperialismo ni de las élites depredadoras y vende patria de nuestra región. Nunca ingenuo ni políticamente infantil.

!Hasta la Victoria Siempre! América Latina unida, !VENCEREMOS!