Una cantinflada partidaria. Por Guido Gomez Mazara

Mario Moreno (Cantinflas), el legendario personaje mexicano, desarrolló una enorme capacidad para satirizar la tragedia de sociedades que, como en las nuestras, el humor constituye la respuesta popular frente a comportamientos inexplicables. Tanto nos retrató con sus chistes e ironías que las “cantinfladas” expresan las locuras y desenfrenos. Por eso, lo recuerdo y no pasa un segundo de mi existencia sin pensar las múltiples formas de retratar la tragedia del PRD. De ahí, un Cantinflas versión aplatanada que, sin el talento y la astucia del personaje original, hace de una organización partidaria materia prima para la burla de todos.

Creer que la gente decente no sabe distinguir entre el comportamiento correcto y el clan de filibusteros que han conducido al partido de mayor tradición democrática a un chiste electoral, constituye una subestimación imperdonable, debido a que el ridículo porcentaje obtenido en mayo del 2016 es una claro indicador de cómo la ciudadanía califica al actual presidente del PRD.

Presumir que establecer altísimos niveles de complicidad con una franja de la prensa chatarra y el tinglado de las altas cortes para legitimar el control de la organización impide un juicio sensato respecto de lo que ocurre en la dinámica interna del PRD expresa el desconocimiento del país. Ya no es posible que los secretos y combinaciones truculentas “engañen” por mucho tiempo. Así se explica el terror de someterse al escrutinio popular, alentando alianzas y pactos reveladores de la falta de sintonía con las masas.

Ocultar las ventajas que en lo personal significa para el timonel del proceso de degradación ideológica del partido blanco, es imposible. Los beneficios están a la vista de todos, y en la medida que la organización pierde, el presidente del PRD incrementa su patrimonio personal, sus empresas obtienen ganancias con el Estado y el acceso a la nómina pública le garantiza un respiro a su disminuida respetabilidad política.

Los intentos de expulsarme del PRD reflejan no sólo su temor a someterse al impostergable proceso interno sino que pretende adelantarse a una batalla que, con la Ley de Partidos y un nuevo Tribunal Electoral, reduce los ámbitos de maniobras indecentes para administrar la organización. De paso, la elección del “juez” validador del juicio disciplinario representa la mejor manifestación de lo urgente del cambio de mando institucional porque sólo un fiel exponente de la tiguerización partidaria puede constituirse en censor del comportamiento de los perredeístas.

Existe un elemental sentido del pudor y la decencia que no se puede irrespetar. Esperaré con tranquilidad, sin dejarme conducir por gente desprovista del talento indispensable porque en la lógica del sector que administra las siglas del PRD prevalece la idea de que “fuera del partido” liquidan mis impugnaciones y callan la validez de las vagabunderías cometidas por gente que ha hecho de la organización un negocio lucrativo. Están equivocados!

Seguiré mi batalla. Ahora con más energía y dirigentes que sienten la necesidad de rescatar al PRD, haciéndolo un partido que promueva los cambios que la sociedad requiere, abra las compuertas a los nuevos talentos, estimule la vocación de servicio de los que creen que la nación debe cambiar, creando las bases de liderazgos con sentido ideológico y borrando la malvada concepción de que la política es un espacio para los negocios y el enriquecimiento.

Tiempo tenemos para saltar todos los obstáculos de los que saben que su salida de la dirección del PRD es inminente. Podrán esgrimir sus amarres con el poder, apelarán a sus recursos económicos y moverán sus resortes en instancias de la comunicación con la fuerza del dinero, pero están derrotados en la sociedad que tiene el instinto indispensable para saber los niveles de descrédito del gran responsable en llevar a la ruina electoral a un partido digno de mejor suerte. Las manecillas del reloj no se detienen!