Abinader e Hipólito Mejía se imponen en el PRM

Por Leonardo Jaquez

SANTO DOMINGO.— La reciente convención interna del Partido Revolucionario Moderno (PRM) dejó al descubierto que, más allá de la unidad institucional profesada en los discursos oficiales, la geopolítica del poder en la agrupación oficialista sigue respondiendo a la fina orquestación de sus viejas corrientes y liderazgos tradicionales.

En una maniobra que combinó audacia táctica y peso histórico, el expresidente Hipólito Mejía volvió a demostrar su vigencia estratégica dentro del partido. Mejía logró imponer la designación de su nieto, Juan Garrigó Mejía, en la Secretaría General del PRM, consolidando la hegemonía del denominado «hipolitismo» en la estructura ejecutiva del partido oficialista.

La jugada de ajedrez: El ascenso de Juan Garrigó

El relevo en la Secretaría General —plaza clave que maneja el engranaje cotidiano y operativo de la organización— no estuvo exento de tensiones tras bambalinas. Pese a los cuestionamientos internos por tratarse del hijo de la saliente secretaria general y actual alcaldesa, Carolina Mejía, la figura de Garrigó se impuso como el eslabón de continuidad y lealtad política para la facción del expresidente Mejía.

Para los observadores del panorama político dominicano, la irrupción de Garrigó Mejía responde a un plan de preservación de cuotas de poder de cara al escenario del 2028. Hipólito Mejía no ocultó sus intenciones en los días previos a la convención, enviando mensajes directos a la alta dirección del partido de que la presencia de su grupo en puestos de mando resulta innegociable si se aspira a mantener la cohesión interna.

Balance de cuotas y el «premio de consolación»

Por otro lado, la corriente emergente que encabeza el ministro de Turismo, David Collado, tuvo que conformarse con una repartición de contrapesos tácticos dentro de la nueva directiva. Aunque la corriente de Collado buscaba expandir su influencia en los estamentos de decisión directa para blindar su proyecto presidencial, el arreglo de cúpula dejó la estructura operativa bajo el control del abinaderismo e hipolitismo.

A fin de evitar fracturas visibles en un momento sensible de gestión gubernamental, a la facción de Collado se le otorgaron representaciones estratégicas en las subsecretarías y en el reparto de vicepresidencias ejecutivas, lo que dentro de los pasillos perremeístas ha sido catalogado como un «premio de consolación» frente a la arrolladora avanzada del patriarca de Gurabo.

Un tablero en marcha hacia el futuro

La reestructuración del PRM deja un mapa interno claro:

  • Presidencia e Institucionalidad: Alineadas en torno al liderazgo del presidente Luis Abinader.
  • Control Operativo: Afianzado por el grupo de Hipólito Mejía con la llegada de Juan Garrigó.
  • Disidencia / Aspiraciones 2028: Representadas por corrientes como la de David Collado, que aceptan las cuotas de compromiso para preservar la gobernabilidad del partido.

El consenso forzado en la cúpula ratifica que, en el PRM, la negociación de espacios sigue siendo la moneda de cambio fundamental para mantener la maquinaria unida frente a los desafíos electorales que se vislumbran en el horizonte.

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