OPINION: Donni Santana, la fiscalia celebra el entierro de la justicia. Por Valentin Medrano

Como siempre me toca la triste postura de estar contramayoría. El pueblo pide sangre y es difícil jugar a ser escudo, y para ser víctima de la sinrazón, ser alguien que ha trascendido, lejos de ponerte en resguardo o en un estadio de impunidad, te hace blanco de la saña y las pompas necesarias para aperfumar criterios basados en una eficiencia que no aproxima a la justicia.

Sería gracioso si celebro la condena exagerada e injusta, recibiría likes, aplausos y aprobaciones. Hacerse cómplices de un acto de absoluta injusticia por el solo hecho de lucir adecuado. No, jamás, eso nunca.

Es increíble que un Tribunal que escucha de una víctima negar haber sido violada, y carecer de otros testimonios en ese sentido, que tenía testimonios que contrariaban de forma absoluta la imputación del Ministerio Público, que se llevaban de paro todo viso de concreción de un tipo, de una infracción, opcione por una condena.

Es asqueante, es nocivo, es espeluznante, es arbitrario y abusivo y miles de otros calificativos que mueven a una absoluta indignación, a una desesperanza respecto a la concreción del bien denominado justicia.

No se les ocurrió a las juzgadoras presumir su Inocencia, observar objetivamente las pruebas, buscar en la génesis del problema y sus causas, e insistir en las razones que le hicieron inhibirse, ‘el que alguien les habló a favor de la Inocencia del imputado’, lo que las obligaba a dar una condena para no ir en la misma dirección de lo peticionado. Le dijeron al mundo que no tenían fuerzas para la imparcialidad y el sistema las prefirió y ratificó para la concreción de su morbo.

Ahora condenado, 20 años, sin una prueba seria. Con una experticia que nadie se atrevió a corroborar, desmentida por la misma presunta víctima, con un experto perito que desmontó la imputación dando razones del porque de la afirmación afrentosa, de porque la presunta víctima al experimentar la luctuosidad por la orfandad súbita y trágica la emprendió contra quien consideraba antítesis de su fenecido padre, su padrastro, el ocupante del puesto protector del finado.

Según las pruebas científicas no hubo violación sexual, de hecho esa fue una expresión ausente en todos los elementos probatorios a excepción de una experticia que dice que una persona sexualmente integra, virgen, observa hallazgo compatible con relaciones sexuales, las que nunca ocurrieron ni han ocurrido.

Y 20 años de condena, que solo en canciones no es nada, de forma irresponsable e inaceptable, imponderada pena que nunca podrán justificar. Espero su sentencia que de seguro deberá acudir a la mentira y las contradicciones para justifica su sustitución de una absolución vista por todos, sufrida por los acusadores, aplaudida por los presentes y los pocos servidores y solo aparecidas por el tribunal.