OPINION: En defensa de Gonzalo Castillo. Por Héctor Silvestre

En esta ocasión me permito lanzarme desde un puente seco, para luego caer al asfalto en medio de la carretera y ser aplastado por vehículos y hasta por la muchedumbre, contactos y amigos de WhatsApp. Hoy he decidido salir en defensa de Gonzalo Castillo.

Cuando al candidato a la presidencia de la República por el Partido de la Liberación Dominicana se le preguntó, previo a las primarias simultáneas del 6 de octubre, sobre cuál sería su posición frente a casos de corrupción, Gonzalo brindó una respuesta que desde nuestro punto de vista es interesante, a pesar de que la opinión de un gran número de personas a través de las redes sociales fue de rotundo rechazo. Gonzalo respondió: «Yo aspiro a ser presidente, no juez».

La respuesta de Gonzalo parece absurda y descabellada, pero no lo es. Nunca he podido entender como es que al presidente del país se le pide, de manera reiterada, que someta personas a la acción de la justicia. Ese no debe ser el rol de un Jefe de Estado en una democracia.

Con sus palabras, Gonzalo Castillo, envió una señal muy clara de que los poderes deben actuar con total independencia y de que la justicia debe cumplir con su rol.

La Constitución Dominicana establece que, en materia de jerarquía constitucional, el Legislativo constituye el primer poder del Estado. El mismo presidente de la República queda sometido al respeto absoluto de nuestra Carta Magna y de las demás leyes que rigen al Estado dominicano.

El espíritu fundamental de una República, legado de uno de los campeones de la ilustración, el escritor y filósofo francés, Montesquieu, consiste en que sus tres principales poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial actúen de manera independiente para garantizar un equilibrio saludable en beneficio del sistema democrático.