OPINION: Es hora de disolver Haití. Por Carlos McCoy

El periodista haitiano Aly Acacia, publica en el periódico Le Nouvelliste, el principal de Haití, un interesante artículo del cual extraemos lo siguiente, citamos: “Tal vez no estaríamos aquí hoy, si Dessalines, Christophe y Petion se hubieran escuchado mutuamente para construir un país, ¡una nación! “cerramos la cita.

Nosotros hemos sostenido por mucho tiempo ese criterio.  Pero le agregamos, que era muy difícil que un conglomerado tan heterogéneo, como eran los esclavos haitianos, traídos a la fuerza desde diferentes zonas africanas, con diferentes lenguajes y costumbres, sin ningún lazo fraternal que los uniera, ni siquiera de amistad, pudieran cohesionarse y construir una verdadera nación.

Lo único que fue capaz de unir a esa amorfa mescolanza humana, fue el justificado odio hacia los blancos franceses que los esclavizaban.

Desgraciadamente, como dice este periodista haitiano, no se escucharon mutuamente y, por el contrario, trataron de emular el mismo sistema de los cuales se estaban liberando.

Jean-Jacques Dessalines, luego de ordenar la matanza de todos los blancos en la isla, estableció un imperio y se autoproclamó emperador Jacques I.

Por su parte Henri Christophe, se decidió por una monarquía y se convirtió en el rey Henri I, con una corte compuesta por príncipes, duques, condes, barones y caballeros.

Alexandre Pétion, mulato, el único que tenia educación formal.  Había estudiado en Francia, optó por la República y se convirtió en presidente.

Con estos criterios tan disimiles entre los que ostentaban el poder luego de la expulsión y masacre de los blancos franceses esclavistas, era imposible crear un país, una nación, ni siquiera un pueblo.

Si a este desorden político social se le agrega el desastre ecológico, pues los negocios más rentables de los franceses de la época eran, primero, la exportación de madera preciosa y segundo el azúcar de caña. Ambos causantes primarios de la deforestación de esa parte de la isla.

La española era rica en maderas preciosas tales como la caoba, el roble, la sabina y los franceses comenzaron a desmontar lomas enteras en toda la parte occidental para exportar esa madera a Francia, principalmente.

Para complicar aun mas esa situación, los franceses establecieron en esa zona, cientos de ingenios y trapiches azucareros la cual utilizaban la madera como combustible para sus calderas.

Posteriormente a esto, se le agrega el ferrocarril. Para construir las vías férreas, usaban madera para las traviesas de los rieles por donde se desplazaban los trenes.

Por desgracia, los haitianos heredaron la costumbre de utilizar la madera como combustible para cocinar y esto ha perdurado en el tiempo.

Esta situación, con el eufemismo de democracia, ha prevalecido hasta nuestros días y hoy se escuchan voces haitianas clamando porque el mundo acepte inmigrantes haitianos como única solución a su martirio, no solo como país, sino como un problema de subsistencia.

En Haití no hay árboles, en consecuencia, casi no hay agua, mucho de sus ríos aún mantienen sus cauces porque nacen en la República Dominicana.  Como es el caso del Artibonito, el más largo de la isla.

Para empeorar la situación, la corrupción es endémica en este país. La escasa ayuda monetaria que llega se la roban.  No solo haitianos sino también fundaciones extranjeras regenteadas por personajes importantes donde se cuentean hasta exmandatarios.

No exageramos cuando pedimos que ya es hora de la disolución de este país.  Que las demás naciones del mundo acojan los 11 millones de haitianos que, a duras penas sobreviven y que se establezca en ese territorio, por varios años, una especie de barbecho, para restablecer la flora y la fauna, hasta que pueda ser habitable nuevamente.

¿Sueños, ilusiones?  Estamos seguros de que es así.  Pero, alguien que proponga entonces, una solución menos utópica, más realista.

Nosotros, la hemos buscado por todas partes, pero hasta ahora, no la hemos encontrado.