EDITORIAL: Hay que eliminar consulados en Haití

Por Leonardo Jaquez

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Bajo cuales fundamentaciones comprensibles pudiera el Estado dominicano mantener abierto cinco consulados en la vecina Haití, siendo esta la nación mas pobre del continente y la tercera a nivel mundial, con un área territorial de apenas 27,750 kilómetros cuadrados.

De seguro que no las habrá mas allá de la necesidad existente en la decadente democracia nacional permitirle a la clase política enriquecerse a costa de la estabilidad demográfica, medio ambiental y de la existencia misma de la nación.

Los Estados Unidos en México tiene nueve consulados, siendo su vecino una nación de casi dos millones de kilómetros cuadrados, o sea, setenta veces mas grande que Haití. Hablamos de un consulado por cada 200 millones de kilómetros cuadrados. Una realidad muy distante a la dominicana que tiene un consulado en Haití por cada tres mil kilómetros cuadrados.

Bien podrían eliminarse los consulados ubicados en Belladere, Anse PItre y Cabo Haitiano, y dejar abierto solo los de Puerto Príncipe y Juana Méndez.

Además, porque el consulado dominicano permite la concesión de visados a los haitianos sin estos tener que hacer acto de presencia física, una práctica irresponsable reproducida desde los tiempos de la dictadura trujillista.

Este privilegio que debería ser descontinuado, convierte a los consulados dominicanos en Haití como los únicos en el mundo.

Por igual, otros requisitos exigidos por cualquier nación del mundo no se constituyen importantes para el Estado dominicano entregar visados por doquier a los haitianos. Por eso solo en los últimos años se han concedidos mas de un millón de visas de todo tipo a personas cuyo único requisito exigido ha sido disponer de un pasaporte.

Hay que retomar el control

Se hace necesario exigir la presencia física del solicitante y el cumplimiento de requisitos con los cuales se procure que solo a los haitianos de clase media y alta se les conceda el visado de turismo.

De pronto la visa de trabajo debería ser eliminada, hasta tanto la oferta masiva existente pueda insertarse en los espacios formales. Si es que llega a insertarse.

Basta ver la enorme cantidad de inmigrantes haitianos que venden todo tipo de cosas en las calles del país. Evidencia contundente de que no han podido conseguir espacios en otras áreas de producción.

Llegó el momento histórico de cambiar todo esto, eso es lo que el pueblo dominicano espera.

Sino lo hacemos, el desborde demográfico que ya afecta a la nación, profundizará las precariedades materiales que podrían hacer invivible la República Dominicana. Ya ocupamos la tercera posición en toda la región como el país con la mayor carga demográfica, a pesar de que mas de dos millones de dominicanos han emigrado hacia otros países en las últimas décadas. Que de haberse estos mantenidos en el país, y tenido sus vástagos en territorio nacional, hoy esta pequeña nación situada en el mismo trayecto del sol, como una vez dijo el gran poeta Pedro Mir, hubiese colapsado.

Por eso parte del Plan Imperial Norteamericano ha sido conceder facilidades migratorias a los dominicanos en procura de «desahogar» la isla. De esto hay evidencia contundente en archivos oficiales del Congreso de los Estados Unidos. Mientras por otro lado presionan a la clase política nacional para evitar las necesarias deportaciones. Todo esto en lo que crean condiciones mas favorables para la legalización masiva de todo inmigrante haitiano ilegal que reside en el país.

Para evitar todo esto, el Estado dominicano debe poner en marcha su propia estrategia. Cuyo fundamento debe girar en torno a la narrativa de la total inviabilidad de la comunión armónica entre dos pueblos históricamente antagónicos y con diferencias culturales marcadas. Esa es la gran realidad, por mas que los organismos internacionales y las grandes potencias, haciendo uso de herramientas y tácticas sutiles, pretendan desmontar. Porque como dijo el patricio Juan Pablo Duarte o independientes o que se hunda la isla.

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