Clásico Mundial de Béisbol: Un éxito rotundo. Por Elvin Calcaño

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El pasado miércoles finalizEló la cuarta edición del Clásico Mundial de Béisbol. Estados Unidos, tras derrotar 8-0 a Puerto Rico en la Final, se coronó, por primera vez, campeón del torneo. Fueron casi tres semanas de acción beisbolera en cuatro países del mundo, desde Asia hasta América del Norte. Creo que esta edición fue un rotundo éxito en todos los ámbitos. Y, según los datos, la mejor de las cuatro celebradas. Para explicar esta afirmación, centraré mi análisis en dos factores: el deportivo y de negocio e internacionalización. Veamos.

El Deportivo

El nivel competitivo del torneo fue muy alto. Equipos como Israel y Colombia, de los cuales no se esperaba mayores resultados, dieron grata sorpresa. Israel, equipo formado mayormente por judíos-americanos o descendientes de judíos, se clasificó invicto a la segunda ronda tras superar en su grupo al favorito Corea del Sur, Holanda y Taiwán. Tres países de mayor tradición beisbolera y significativamente, en los papeles, superiores. Colombia estuvo a punto de derrotar a las súper potencias Estados Unidos y República Dominicana en su grupo. Con el triunfo contra Canadá, aseguró participación en la próxima edición.

Italia, colocado en el grupo C con Puerto Rico, Venezuela y México, fue otra relevación. Este equipo, igual que Israel, se compone en gran medida de estadounidenses hijos o nietos de italianos. Alex Liddi, uno de los pilares del conjunto, nació y se desarrolló en Italia. Italia le ganó a México, y dos veces, tuvo al borde de la eliminación en primera ronda a la poderosa Venezuela.

Puerto Rico fue el mejor equipo de esta edición. Lideró en buena parte de los apartados ofensivos, defensivos y de picheo. Una mala noche en la Final le quitó el título casi de las manos. Pero así es la pelota: nada se sabe hasta el final. República Dominicana, el gran favorito y hombre a hombre el mejor equipo, quedó a deber. Dado su nivel, solo llegar a la Final o el campeonato era aceptable. Se quedó en segunda ronda. Pero en términos generales no lo hizo mal. Venezuela, sobre el papel una ofensiva temible, volvió a decepcionar. Recibió dos palizas a manos de Puerto Rico y pasó de todo para ganarle a Italia dos veces. También perdió contra México. México, un país clave para el posicionamiento del béisbol a nivel regional, fue una calamidad. El picheo, que era su mayor arma, no hizo nada importante. Se vio un equipo débil y muy mal dirigido. Estados Unidos, el dueño de la competencia, por fin cumplió con las expectativas. Fue de a poco creciendo y superando obstáculos. Ganó claramente los juegos que tenía que ganar. Y con ello fue suficiente para ser campeón.

Corea del Sur fue la otra potencia que decepcionó. Colocada en un grupo en principio poco complicado y jugando de local, apenas ganó un juego. Se vio muy distante del súper equipo de las ediciones de 2006 y 2009. Tienen mucho trabajo por hacer los coreanos para volver a estar a la altura de su tradición beisbolera. Cuba fue otra decepción. Logró clasificarse a segunda ronda, literalmente, con un swing de Alfredo Despaigne (quien la sacó con bases llenas) cuando derrotó 4-3 al modesto Australia. Las autoridades cubanas tienen que reflexionar seriamente acerca de la integración a la selección nacional de los cubanos en las Grandes Ligas de Estados Unidos. La gloria del béisbol cubano así lo exige. Holanda, por su parte, conjunto integrado mayormente por jugadores nacidos en Aruba y Curazao (territorios holandeses en el Caribe) volvió a demostrar, llegando a la Semifinal por segunda edición consecutiva, que es una potencia. Australia, China, Taiwán, México y Canadá tendrán que ir a clasificarse para la próxima edición.

Deportivamente fue un torneo disputado lleno de juegos vibrantes que se decidieron en las últimas entradas. Reinó el buen picheo y el bateo oportuno. Aparte de China, ningún país lució mal en la ejecución de las jugadas básicas del juego. Lo cual certifica que la pelota está creciendo allá en países de poca tradición como Australia e Italia.

Negocio e internacionalización

Económicamente el éxito fue apabullante. Se habla de sobre 250 millones de dólares en ganancias netas. Con lo cual, el Clásico Mundial sigue siendo el único evento deportivo internacional que deja ganancias netas a sus organizadores. Se vendieron más de un millón de boletos y el torneo se transmitió en 156 países con récords de audiencia en mercados consolidados como Puerto Rico, Japón, Corea del Sur, Estados Unidos, Republica Dominicana, Taiwán y Venezuela, y una importante audiencia en países que ni siquiera estaban participando.

Para el crecimiento del torneo es obligatorio que sea económicamente exitoso. Con ello, se logran dos cosas: que los dueños de equipo de Grandes Ligas en Estados Unidos, que ante todo son empresarios, vean el Clásico como una oportunidad de maximizar su propio negocio. Así, tomarán en serio el torneo y se involucrarán de lleno en el mismo. Fue lo que pasó cuando la NBA, a raíz del impacto del Dream Team del 1992, comenzó a proyectarse como negocio global cuyo mercado va más allá del estadounidense. Hoy día la NBA es una marca globalizada que genera ganancias millonarias en el mundo entero. MLB, conforme crezca el Clásico Mundial como modelo de negocio, hará lo mismo. Es, por tanto, indispensable que siga siendo exitoso como negocio este torneo. De la mano de su crecimiento comercial, veremos el béisbol creciendo mundialmente.

Lo segundo es que si continua su éxito económico, más patrocinadores de países sin tradición beisbolera se pueden sumar al patrocinio del torneo. Porque lo verán como una ventana de oportunidad atractiva. Así, se logra que el Clásico Mundial resuene en países donde hay gente que no conoce el béisbol. Es lo que ocurre con el Mundial de Fútbol que, es tanta la estructura publicitaria que lo mueve, que millones lo ven aunque ni siquiera les importe el fútbol. Si MLB ve el Clásico Mundial desde la perspectiva de negocio, puede articular una estrategia para que marcas del mundo que quieran acceder al mercado americano, utilicen el torneo, una vez logre establecer una fuerte audiencia en Estados Unidos, como un puente a dicho mercado. Para ello, se debe jugar en verano para que no tenga competidores televisivos. Y eso será posible cuando los dueños de equipos lo vean como un negocio. Al final, muchos de esos dueños ni saben de pelota; lo que saben es hacer dinero.

La posibilidad de crecimiento del béisbol, a través del Clásico Mundial, es enorme. Estratégicamente el factor de negocio debe ser central. En ese sentido, los que amamos la pelota, debemos dejar los purismos a un lado. En definitiva, el objetivo es que se juegue pelota, el deporte más bello del mundo en mi opinión, por todo el globo. Que niños de todo el planeta sueñen con jugar pelota.

El Clásico Mundial de Béisbol 2017 fue rotundamente exitoso. Pero es un éxito que plantea desafíos porque ahora la vara es más alta. Hay mucho por hacer. De momento, gracias a los peloteros de todo el mundo. ¡Caballetes!