¿Hacia dónde va la marcha verde? Por Cesar Mieses

Una diversidad de actores políticos y sociales estamos promoviendo de manera abierta el quiebre del sistema político dominicano, devenido régimen mafioso y configurado por el comité político del PLD para su propio beneficio saltándose el orden jurídico y la propia Constitución. Danilo Medina y su gobierno son la expresión concreta del sistema extractivista-capitalista y del modelo neoliberal en República Dominicana.

Los efectos empobrecedores del modelo económico, la política de endeudamiento, la impunidad, la rampante corrupción y la inseguridad ciudadana son responsabilidad directa de Danilo Medina y del PLD que han secuestrado el sistema político imponiendo con dinero sucio unas reglas para competir por el poder donde solo ellos pueden ganar.

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La burla de las demandas ciudadanas y de la sed de justicia del pueblo con el acuerdo de homologación-Odebrecht, amarrado en secreto para proteger y blindar judicialmente el núcleo duro de la mafia, fue decodificada de inmediato por la autoconciencia de masas provocando la excitación de la marea verde que sigue teniendo como desafío dotarse de un relato político a la ofensiva y de sentido común.

De esta manera la sociedad dominicana avanza hacia la constitución de dos bandos en lucha, el de la marcha verde con un 91% de la gente apoyándola, y el de la mafia gobernante acorralada y a la defensiva.

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Las evidencias están ahí y aunque Danilo Medina siga sordo y mudo ya no hay manera de negar que su reelección en mayo pasado fue coronada gracias a los sobornos y las sobrevaluaciones de Odebrecht. El hecho de que Palacio y todas sus bocinas tengan que agarrarse de una información fiambre de Monica Moura para defenderse revela hasta qué punto la mafia danilista se encuentra atrapada.

Para el danilismo la información de Moura, su empleada, es la marca indiscutible de la verdad mientras que la de Marcelo Odebrecht, jefe de la empresa mafiosa sentenciado a 19 años de cárcel, y las de otros altos funcionarios de la transnacional, no son más que especulación mediática. El rasero del poder danilista para asignarle valor a una información sin ética comunicativa ha terminado por decapitar su credibilidad. Este es un elemento de vital importancia para entender en su justa dimensión la crisis política que vivimos. Se trata de una crisis generalizada de confianza en la cúpula del PLD, sus socios oligarcas y su régimen político.

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Esa realidad nos indica que si no actuamos con una política audaz en un momento en que se presenta la oportunidad de sacar a la mafia PLD del poder, la puerta que se abre puede cerrarse en cualquier instante. Esto porque los momentos políticos son efímeros y no pueden concebirse igual que como se concebían los procesos sociales y políticos del siglo 20, donde la realidad se construía por otros medios (ideológicos) y no como ahora que se configura en la contingencia mediática.

Esto nos lleva a pensar distinto de quienes interpretan el momento a partir de su propia subjetividad procesual apartada de la autoconciencia de masas en la sociedad red global (Castell, 2009), las experiencias acumuladas de las luchas ciudadanas desde Salvemos los Haitises, Educacion Digna, Justicia Fiscal, Barrick Gold, Bahía de las Aguilas, Loma Miranda, OISOE, entre otras no menos importantes, así como sin tener en la mira la programación, la estrategia y los simulacros del enemigo.

Al final la lucha política se convierte en la administración y disposición del tiempo, los recursos en sentido amplio y la autoconciencia de las masas. El PLD nos ha derrotado en todas estas dimensiones y nos seguirá derrotando si no hacemos un recableado completo de nuestro cerebro y nuestras herramientas de lucha ciudadana por la democratización del país.

El momento es ahora y no después como parecen pensar quienes creen que “primero hay que crearle conciencia al pueblo”. No puede ser después puesto que es aquí y ahora cuando la justicia se ha instalado como significante que mueve el deseo de ese mismo pueblo.

Lamentablemente la posición de muchos de nuestros actores políticos obedece a una concepción lineal de la historia, a una visión fundada en la razón instrumental que es la misma con la que el PLD nos ha gobernado durante las últimas dos décadas. El mismo paradigma del Nueva York chiquito, el progreso, el elitismo cultural y el asco al peñagomismo.

Es cierto que la conciencia y la profesión de fe influyen en la lucha, pero no bastan. Mirar el horizonte amerita herramientas que puedan re-significar la realidad a nuestro favor sabiendo que es ahora porque de lo contrario estaríamos perdiendo la gran oportunidad de desmantelar el régimen político devenido delincuencial. Es ahora porque no se puede descartar que en su retirada la marea sirva para la re-legitimación del régimen.

De ahí que urge entre los actores ciudadanos beligerantes tomar la decisión política de poner fin al régimen mafioso ahora y no en el 2020 como trabajan algunos dado que esa estrategia nos enmarca en la ruta de la derrota programada de 2016.

Tomar la decisión conlleva una gran responsabilidad ética porque supone invocar el poder constituyente como soberano para echar del Estado a las mafias que nos gobiernan mediante un proceso destituyente-instituyente que funde un nuevo orden político democrático.

Esto incluye la reestructuración del sistema judicial para que funcione con completa autonomía de los demás poderes del Estado y la convocatoria a nuevas elecciones libres con órganos de arbitraje imparciales y un código electoral y de partidos que garantice la competencia en igualdad de condiciones entre los actores y propuestas políticas que pugnan por el poder.

Los poderosos juegan a la prudencia y a descartar un estallido social que se lleve a Danilo Medina y demás mafiosos de su gobierno. Juegan al recambio para que todo siga igual y a que el PLD se mantenga en el gobierno pese a su déficit de legalidad.

Los grandes ricos que en otro tiempo Juan Bosch denominó ‘Tutumpotes’ intentan convencer y hasta exigir sensatez y calma a quienes padecen terror en las calles y violación permanente de sus derechos. Mientras desde el gobierno Danilo Medina y los grupos mafiosos ejercen la violencia y la fuerza abusiva contra la población indefensa. Ha sido la norma y no la excepción en la Era del PLD.

Pretenden que la gente sea paciente y espere las informaciones de Brasil, la lista de los sobornados y la investigación del Procurador. Imparten cartillas cívicas para que las acciones de la marcha verde sigan patinando en el discurso institucionalista y procuran que la juventud se comporte dentro de los límites de lo políticamente correcto.

Se equivocan quienes así piensan y esperan que nos portemos bien cuando a diario se roban el dinero del erario público para acumular fortunas, violentar la Constitución, comprar legisladores y partidos políticos y, encima de esto, obligarnos a pagar las grandes sumas de dinero contraídas mediante deudas tóxicas.

Para salir del bache legal quieren remitirnos a los famosos pactos, comisiones y acuerdos de los de arriba con la ayuda de actores de la sociedad civil gubernamentalizada. ‘Diálogo Nacional’, ‘Comisión de Reforma y Modernización del Estado’, ‘Comisionado de Reforma y Modernización del Poder Judicial’. Todo bulto y fracaso.

‘Tutumpotes’ como Vicini y Corripio instan a los políticos, específicamente a los del partido oficial y de sus socios menores del PRM, para que se percaten de la peligrosidad del momento y se pongan de acuerdo para darle salida a la desaliñada legislación electoral y de partidos políticos que vienen barajando durante los últimos 20 años, para así supuestamente impedir un estallido social de inimaginables proporciones y consecuencias.

Lo que no sirve se tumba

A causa de esta situación han surgido sectores, incluido parte del empresariado, de las jerarquías católica y evangélica, de las capas medias, trabajadores, médicos, enfermeras, profesores y estudiantes que ponen el dedo acusador en la frente de Danilo Medina por el estrepitoso fracaso de su gestión de gobierno y por ser el principal beneficiario de los sobornos y los sobreprecios de Odebrecht.

Por eso creemos que con quien hay que bregar y a quien hay que poner fin es a Danilo Medina y a los grupos mafiosos que le acompañan, para lo que necesitamos una herramienta política ciudadana con una narrativa y una maquinaria en condiciones de derrotar la hegemonía peledeísta.

Podemos convenir que Danilo Medina está listo en el plano político, con el reloj en contra caminando hacia el agujero oscuro de Punta Catalina y los sobornos de Odebrech, sofocado por una ciudadanía verde que se transforma en sujeto político. También que el Presidente está siendo empujado al precipicio por sectores dentro y fuera del PLD a la cabeza de los cuales se encuentra Leonel Fernández y su estrategia de regresar al poder.

Si esto es así entonces es de sentido común darse cuenta que Medina y su grupo mafioso se mantienen en el poder debido a una oposición formal carente de decisión y capacidad, incluso, que no se atreve a demandar su renuncia porque algunos de sus dirigentes están salpicados por la corrupción y los sobornos de Odebrecht. Callan y al hacerlo secundan implícitamente que el Presidente impune nos continúe gobernando. Esa oposición se muestra incompetente y poco digna de confianza. Y porque además una parte de ella teme que la Marea Verde le pase por encima, si no es que ya lo ha hecho, y se convierta en la real alternativa política.

En todo caso pensamos que la tarea principal de todos los actores que aspiran a una real democracia es la de construir una nueva mayoría social, cultural y política; además de persistir en la unidad más amplia posible sin desconocer fronteras, y poniendo en marcha un programa de lucha democrática por el poder escogiendo como terreno el lenguaje y la disputa por el relato, esto desde un sujeto político ciudadano que se reconoce en las acciones directas y los cortocircuitos provocados al cerebro de la mafia (Matrix).

La apelación al soberano y sus demonios, como lo vemos, es el último recurso que nos queda para abrirnos a un nuevo mapa político en la sociedad dominicana del presente, y esta apertura se da si somos capaces de sacar del poder al gobierno ilegal e ilegitimo de Danilo Medina y su banda mafiosa.

Avanzar en esta dirección nos coloca en el preámbulo de una revolución ciudadana encabezada por un gobierno de coalición democrática integrado por una gran diversidad de partidos, movimientos y actores sociales unidos en la marcha verde.