La marcha de los que no fueron. Por Adriano Tejeda

Aunque la marcha de ayer, a pesar de su éxito, pudiera no quitarle el sueño al Gobierno, debiera preocuparlo. Era obvio que los convocantes no tenían la capacidad para pellizcar al Gobierno, pero los que no fueron y simpatizaban con los propósitos generales de la marcha, sí deben hacer sentir a las autoridades de que algo ha cambiado en el país.

La marcha de los que no fueron, pero dejaron sentada su opinión en las redes sociales, en las reuniones de amigos y en otros foros, es una realidad que el Gobierno no puede soslayar.

Esa marcha de los que no fueron está diciendo que Odebrecht es sólo una batalla en una guerra que el país no puede perder. Que las derrotas anteriores (OISOE, Plan Renove, y un largo etcétera), no van a afectar el resultado final de esta conflagración.

La pena es que muchas de las organizaciones convocantes no tenían el aval moral para encabezar una protesta contra el actual estado de cosas.

La lucha contra la corrupción necesita de ejemplos, no de caras gastadas. Necesita de un liderazgo transparente, inteligente e insobornable, que entienda que la lucha contra la impunidad es una carrera de obstáculos. Que siempre habrá quien se pase de la raya y que algunos podrían ser gente que nos desengañe. Quienes encabecen la lucha tienen que ser más amigos de la verdad que de Platón y entender que existe un interés mayor que cobrar unos dólares al corruptor o meterlo preso –lo cual hay que hacer– sino crear una cultura que abomine del robo público y privado.

Tengo fe en la marcha de los millones que no fueron, pero que están claros en su propósito patriótico.

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