OPINIÓN: La Guerra Comercial con China podría revivir la industria manufacturera EEUU. Por Julio Díaz Sosa

A partir de la década de los 80 del siglo XX, la economía china inició a experimentar una afluencia de inversiones en el sector de la manufactura por el atractivo de los bajos costos operacionales que ofrecía el gigante asiático, convirtiendo de esa a manera a China en la factoría del mundo. Una de las principales razones que llevó a muchas empresas a instalar su producción en China, fueron los bajos costos laborales, uno de los más bajos del mundo durante décadas. Por otra parte, el Gobierno chino ofreció villas y castillas a los inversionistas en lo que a subsidios se refiere, y se hicieron de la vista gorda con los abusos en materia laboral y degradación ambiental.

De acuerdo con un estudio realizado en el año 2016 por la Universidad Estatal de Ball, estipula que cerca del 88% de los empleos que se han perdido en la industria manufacturera estadounidense han sido por culpa de la automatización, en especial por la robótica y el 12% han sido por el libre comercio. Gran parte de esos empleos se fueron a China por las condiciones que describimos anteriormente, pero fruto de la evolución de la economía china esa historia ha venido cambiando. En la actualidad, China es la segunda economía del planeta en términos del Producto Interno Bruto (PIB) nominal, y anhela sobremanera ocupar la primera posición desbancando a los Estados Unidos. Sin embargo, lo que una vez fue una ventaja comparativa para China atraer esas inversiones en el rubro de la manufactura se ha convertido en un boomerang para el crecimiento sostenido de su economía. Los costos laborales, inmobiliarios y de energía han venido aumentando de forma vertiginosa en el pasado reciente e incluso son equivalentes a algunas regiones de los Estados Unidos. En el 2014, la ventaja de costos de manufactura de China sobre los Estados Unidos se había contraído a menos de un 5% de acuerdo con un estudio realizado por la firma de Consultoría Boston Consulting Group. Esto es sin agregar el robo de propiedad intelectual que ha sido la norma en China, y las prácticas comerciales desleales que incluyen la manipulación del tipo de cambio hasta el pasado reciente. Por tal razón, es menester entender por qué las empresas estadounidenses están retornando sus operaciones fabriles a los Estados Unidos.

Traer de vuelta a los Estados Unidos todas esas operaciones fabriles no es una tarea fácil, ya que implica contratar a trabajadores especializados en la industria manufacturera, reposicionar las cadenas de suministro de las empresas tras las imposiciones de barreras arancelarias y el remozamiento de las fábricas, lo que es una tarea muy costosa. Sin embargo, debido a la Guerra comercial iniciada por el Presidente estadounidense Donald Trump en contra del Gobierno chino, esto ha sido el catalizador perfecto para impulsar ese retorno a casa, y así lo vemos en los empleos creados desde que Donald Trump asumió el poder el 20 de enero de 2017, poco más de 450 mil empleos creados y 296 mil desde octubre de 2017 a octubre de 2018, estas cifras son ofrecidas por el Buró de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en inglés).

Debido al avance de la robótica en el proceso de ensamblaje de bienes duraderos de alto valor agregado ha disparado las alarmas en China debido a que muchas empresas están considerando reemplazar a trabajadores chinos por robots. Esta situación no pudo prosperar en China por la limitación tecnológica china en robótica, ya que esos robots no eran capaces de realizar labores sofisticadas como el ensamblaje de circuitos ni tampoco podían trabajar en un ambiente laboral seguro con sus pares humanos. Dada esta coyuntura, empresas como Tesla decidieron instalar una fábrica de producción de automóviles en Fremont, California debido a que allí cuentan con los robots adecuados para producir más automóviles, en la actualidad, están produciendo alrededor de 80 mil autos por trimestre. Sin embargo, esta medida ha sido muy efectiva en términos de costos a pesar de que California es uno de los lugares con los costos laborales más altos del planeta.

Fruto de la Guerra comercial y de la pérdida de las ventajas comparativas en costos laborales de China, la producción manufacturera de bajo valor agregado están mudando sus operaciones a países vecinos con menores costos laborales que China, este es el caso de países como: Vietnam, Tailandia e Indonesia. Dado este escenario, China enfrenta una disyuntiva muy compleja de cara al futuro en lo que a manufactura se refiere, debido a que el premio mayor será aquel país que controle la producción de productos de alto valor agregado. La única compañía que realiza todas esas operaciones en China es Apple, exceptuando la producción de su producto MacBook Pro que se produce en los Estados Unidos. Sin embargo, casi la totalidad de la propiedad intelectual de Apple es originada fuera China, lo que pone en tela de juicio la capacidad del gigante asiático de producir bienes duraderos de alto valor agregado.

El siguiente enfoque de la Guerra comercial encabezada por el Presidente estadounidense Donald Trump debe ser bloquear los bienes producidos en China fruto del ultraje de la propiedad intelectual llevado a cabo en ese país. Por eso muchas compañías han mudado sus operaciones centrales fuera de China para crear productos e innovación, sólo llevan el producto final para ensamblaje, y de hecho eso está cambiando por el aumento de los costos laborales. Sin duda alguna, el Gobierno chino no está nada complacido con esta situación, ya que durante años el Estado ha invertido miles de millones de dólares para desarrollar la producción de semiconductores. Sin embargo, su producción anual de semiconductores representa menos del 13% de la demanda requerida por el país, esto es una muestra fehaciente de que China aún no cuenta con la capacidad para diseñar y producir de forma eficiente este importante insumo para la producción tecnológica, estos datos fueron ofrecidos por el Centro Este-Oeste con sede en Hawái.

En el escenario geopolítico y económico actual, las compañías estadounidenses no tienen el interés financiero de sacrificar su potencial de cara al futuro por ahorrarse algunos dólares, cuando su alma es la propiedad intelectual. Por dicha razón, nos atrevemos a vaticinar una afluencia sin paragón de compañías estadounidenses retornando a casa para producir bienes duraderos de alto valor agregado en esta era de la Cuarta Revolución industrial.